martes, 18 de febrero de 2014

Las generaciones del mañana



Señoras y señores, hoy he tenido la mala suerte de toparme de frente con una desgarradora realidad que tiene que ver con la educación. Por primera vez, voy a reconocer un tópico bastante extendido en la sociedad española. “Los estudiantes actuales, no saben lo importante que es estudiar”…. Muchos de los que me conocen personalmente, estarán empezando a extrañarse de que yo, firme defensor de los alumnos y de una educación personal, esté reconociendo esta idea. Pues bien, ya desde hace unos pocos años, empezando esta andadura tan atractiva como dura llamada Carrera Universitaria, me he percatado que en cada facultad, en cada escuela, en cada aula de formación, las futuras nuevas generaciones… esas que en teoría heredarán el mundo, personas ya mayores de edad y que en teoría continuaron con sus estudios por su propia voluntad y satisfacción, que se dedican a perder el tiempo, y hacérselo perder a los demás.
Hoy en una clase de Magisterio, futuros docentes se encontraban hablando y riendo sin modular su tono de voz. Tal era el volumen de sus voces y sus chanzas, que la voz del docente, no era capaz de escucharse más allá de la cuarta fila. La situación se desarrolló de tal forma que tras 30 minutos de intenso balbuceo, la situación acabó enfrentando a compañeros entre sí. Unos querían aprender, otros… sin duda querían otra cosa menos eso. Y es en esta situación en la que yo me pregunto ¿Quién obliga a estos individuos a estar presentes en algo que evidentemente no supone algo interesante para ellos? ¿Acaso no se dan cuenta de que en cuestión de semanas, estarán exigiendo a sus alumnos lo que ellos mismos no están cumpliendo? Es evidente, que esta situación me da a entender lo hipócritas que podemos llegar a ser las personas. Sin duda, y me apuesto un par de € a que en el momento en el que critiquen su carrera, estas personas que les importa una mierda su propia educación y su futuro, serán las primeras en inflar su pecho y argumentar “Nosotros trabajamos duramente”. Es triste sin duda… futuros maestros, que manchan aún más la reputación de esa labor tan fundamental como la que supone ENSEÑAR.
También me parece incomprensible, como otro compañero, otro igual, se crea lo suficientemente autorizado como para exigir silencio a personas con sus mismos derechos y deberes. ¿Acaso no hay un docente en la sala? ¿Quién se supone que son ellos para tomar ese papel? También es bastante triste ver cómo muchos docentes carecen de autoridad y respeto, y cómo propios alumnos se toman semejantes licencias.
Pero no solo hablo dentro del terreno de la Formación del profesorado, sino en cualquier tipo de carrera. Personalmente estoy cansado de encontrarme con historias de clases de Ingeniería, Medicina, Terapia Ocupacional, Enfermería, Periodismo, y un largo etc, en las que gran parte de los asistentes, solo se dedican a hacer estupideces, sin darse cuenta que las tasas que han pagado de matrícula suben cada año, y cada vez hay más condiciones ínfimas , y desempleo juvenil. Pero ellos seguirán con sus estupideces de niñatos/as con poco grado de madurez mental. Solo espero que en un futuro, si me rompo algo, tenga la suerte de encontrar a alguien competente que me sepa curar, y no a un cafre que solo memorizó y aprobó, sin preocuparse en aprender su oficio.
Con todo esto y para concluir, no quiero que se me malinterprete, no estoy queriendo decir que seamos personas muertas que no sepan reír y disfrutar con sus compañeros y amigos, pero señores, tengan en cuenta las responsabilidades que debemos cumplir, yo amo mi futura profesión, y no me gusta ver como la mancillan. 

Y como siempre pido disculpas, si alguien se ha sentido identificado u ofendido, la finalidad de este blog no es calumniar, así que muy señores míos, si les he ofendido les dejo una increíble solución: en la esquina superior derecha de su ordenador, encontrarán una X en blanco dentro de un recuadro rojo, pinchen ahí y sigan con sus impresionantes vendas en los ojos.

lunes, 17 de febrero de 2014

Tres alas



Su cuerpo se levantó de forma repentina. Su camarote estaba oscuro salvo por el brillo de la luna llena que penetraba por la ventana. El hombre se quedó allí quieto absorto en el sueño… había visto lo que más ansiaba su corazón, y ahora estaba de nuevo allí sentado.
                -Señor… -dijo una voz desde la puerta.
Lentamente se dirigió a la puerta,  y la abrió con suavidad. Uno de sus marines más experimentados se encontraba ante él.
                -Ha llegado una carta con el sello real –dijo mirándole.
                -Llama al otro capitán, y manda un mensaje a todos los guerreros fuera de servicio.
Al cabo de unos minutos, su leal compañero entró de forma precipitada.
                -¿Qué pasa? Solo he entendido algo de una carta, y he visto a un marine mandando palomas mensajeras.
El capitán, tiró la carta. Su amigo la cogió, y tras leerla en silencio, le miró sonriente. El capitán se encontraba arrodillado ante su armadura con capucha. El símbolo de su pasado, presente y futuro, la imagen de la libertad. Poco a poco se la fue poniendo, como si el tiempo ahora estuviera bajo su control. Lentamente se colocó su capucha. Cuando su mano abrió la puerta del camarote, una ráfaga de viento frio acarició su cara, y recorrió todo el barco. Toda la tripulación, se giró al verlo.

                -Llegan vientos hacia el norte… ¡SOLTAR AMARRAS, VAMOS A SEGUIRLO!
El rugido de felicidad desgarró el cielo. Ese día no había tripulación más feliz en los siete mares. “Lo he conseguido” pensó orgulloso bajo su capucha el capitán. Entonces sin previo aviso otra ráfaga de viento le quitó la capucha, y el viento trajo consigo una voz “Estoy orgulloso, has superado a tu viejo maestro”.
Y así es como el “Tres alas” comenzó su viaje como barco pirata. El barco de la libertad.

lunes, 3 de febrero de 2014

Choque de iguales



El estrellado y despejado cielo nocturno, no ocultaba la roja estela que en ese momento atravesaba la pequeña aldea portuaria. Le importaba más bien poco, que los aldeanos pudieran verle. De sus piernas surgía el fuego que le propulsaba... “Que admiren el auténtico poder” pensó el joven, bajo su negra capucha.
Un repentino golpe de viento le impulsó contra el suelo. Cuando pudo levantarse, levantó la mirada “¿Quién osaba golpearle?”.
                -Ya veo que los rumores no eran falsos.
Allí estaba él, bajo su armadura de capucha blanca, “Esto va a ser divertido” pensó mientras terminaba de levantarse.
                -Pero mira quién está aquí… el famoso capitán, sabría que tarde o temprano aparecerías… ¿no puedes evitarlo verdad? Me tienes envidia…
                -¿Envidia? –preguntó el capitán sin poder aguantar la risa.
                -Sí, yo conseguí aquello que tú no posees… Fuerza, riqueza, mujeres, y conocimientos que escapan a tu comprensión… Yo tengo el poder…
                -¿Llamas poder a eso? Tú que te criaste a mi lado, aprendiste de los mismos maestros, obtuviste la misma instrucción, las mismas oportunidades, el mismo cariño… y decides tirarlo todo por… por… eso a lo que llamas vida… y ¿a qué precio?
Las llamas surgieron de su cuerpo de forma repentina, reduciendo a cenizas todo a dos metros de él.
                -Es mi vida… no tienes derecho a enfrentarte a mi…
                -Es cierto –contestó el capitán mirándole con odio- es tu vida, y solo tú decides que hacer con ella. Pero en tu afán por ganar más poder, has herido demasiadas vidas que no tienes derecho a tocar.
                -Dirígete contra mí si tan bue…
La fuerza del viento desvió las llamas, y su rodilla golpeó el estómago del joven. El negro  viajante se arrodillo de dolor, y fijó su rostro lleno de furia en los verdes ojos del capitán.
                -Sé que volverás a intentarlo –dijo el capitán con lágrimas en los ojos- pero volveré a enfrentarte, a ti aunque sea mil veces. El capitán vuelve a la mar novato.

domingo, 12 de enero de 2014

El origen



Todos estaban reunidos alrededor de la gran mesa. Grandes guerreros, famosos en todo el mundo por sus grandes batallas. Todos y cada uno eran los más fuertes, violentos, y poderosos. No había nada ni nadie que pudiera hacerles frente, lo tenían todo: dinero, poder, lujos, y más esclavos de los que podían llegar a contar.
                -¡Esto ya no es vida! –Exclamó el más veterano de todos- Logramos derrotar a los elementos, a la magia, e incluso a Dioses.
                -Ya no queda nada con lo que saciarnos, -comenzó el más rico- no hay nadie más poderoso que nosotros.
                -Necesito algo para saciar mi sed de sangre –dijo el más violento.
                -Opto por utilizarles a ellos –comentó el más fuerte con una sonrisa irónica.
                -¿A los esclavos? ¿Qué os parece una lucha a muerte entre todos?... y de premio nos inventaremos algo efímero –propuso el más cruel.
                -Rompería con su rutina de pobreza y servidumbre, nos divertiría, y podríamos extenderlo durante años. –Comentó pensativo el más poderoso- Sea pues.
Pasaron solo un par de semanas, y la capital se llenó de gente de todos los reinos del mundo. Unos querían ver el gran acontecimiento, otros querían probar su capacidad para ser uno de ellos. Todos querían saber qué era el gran premio, y quién sería el que se lo llevaría.
Las puertas de la gran arena se abrieron. Más de 5000 participantes armados con el arma elegida entraron, y miraron al palco.
                -¡QUÉ CIERREN LAS PUERTAS! –Exclamó el veterano.
                -SOLO UNO DEBERÁ QUEDAR EN PIE –Chilló el fuerte.
                -¡SOLO EL CAMPEÓN SERÁ DIGNO DEL GRAN PREMIO! –Exclamó el cruel.
                -QUE SE MATEN YA –Farfulló el Agresivo.
En cuestión de segundos, en la arena comenzó a sonar el sonido de la lucha. Espadas chocadas, gritos, flechas clavadas, el sonido de la sangre, tridentes clavados, el sordo golpe de los cuerpos al caer, tan cruenta era la batalla que durante horas, los cadáveres se fueron acumulando en la arena, hasta el punto de tener que luchar pisando sobre los desafortunados. Cuantos más caían más reían los dueños del mundo.
Todos reían, todos salvo el poderoso. No había sonreído en todo el día, solo observaba con una expresión seria en la cara. “Solo quedaban la mitad aproximadamente” pensaba sin mudar el gesto.
Entre tanta lágrima, gritos, y muerte, surgió el grito que silenció los palcos.
                -¡¡QUÉ ES EL PREMIO!!
Un joven, pelo castaño, y ojos claros, delgado, sin musculatura, sin apenas armadura. Solo una espada, y un escudo de madera. El silenció reinó en la arena, los esclavos dejaron de pelear, el palco dejó de hablar. El poderoso, se revolvió en su asiento “Un solo muchacho, ha detenido la lucha, y ha callado a todo un estadio”. El cruel, con su sonrisa irónica se adelantó.
                -El premio es el Coraje…
                -¿Qué es Coraje? –Preguntó el joven confuso.
                -Coraje es… -comenzó el fuerte pensativo, sin duda se lo iba a inventar- un valor que te hará incluso tan fuerte como yo.
                -Te hará ser temido por tus enemigos y respetado por tus amigos –inventó el más agresivo.
                -Con el tiempo te hará tan sabio como yo –dijo el veterano entre risas.
                -Te ayudará a luchar por tus deseos, y demostrarle a los otros que tú no eres un esclavo –inventó el cruel ansioso de ser partícipe de la treta.
El poderoso, se mantuvo en silencio, tenía un mal presentimiento, algo estaban haciendo mal. ¿Por qué un muchacho podía parar toda una batalla a muerte?
Todos los luchadores se miraron unos a otros. El muchacho pensativo, levantó su mirada al palco.
                -¡¡Vamos continua luchando, si quieres poseer este magnífico poder!! –Exclamó el más cruel de nuevo.
El muchacho miró a los luchadores, y volviendo a mirar al palco respondió:
                -Me acabáis de dar ese poder.
Todos y cada uno de los luchadores, saltaron hacia las gradas. Los grandes guerreros, hábiles y experimentaron fueron a su encuentro. El fuerte mataba a diez por segundo, el veterano esquivaba golpes, el cruel engañaba a unos pocos, el agresivo amenazaba y asustaba a otros tantos, pero él, el hombre más poderoso, se quedó allí sentado observando. El primero en caer fue el fuerte, después el veterano, el agresivo, el cruel, eran demasiados.
Ese fue nuestro error, no darnos cuenta de que somos iguales. Por mucho oro, joyas, fuerza, crueldad, o poder, siempre seremos iguales que ellos, HUMANOS. Nos hemos inventado un poder, vacío, no físico, un poder a nuestro entender ilógico. Sin darnos cuenta de que hemos sido creadores del principio del verdadero mundo, un mundo en el que existe algo llamado CORAZÓN, algo que nosotros no hemos sabido encontrar en nuestras vidas”
El hombre más poderoso de la tierra no se movió cuando el joven de ojos claros, y pelo castaño, le cortó la cabeza de un golpe. Sabía quién había sido el verdadero perdedor. Él MISMO. 

miércoles, 8 de enero de 2014

El lobo de fuego.



La pequeña ciudad amanecía con una belleza única. Desde la ventana, ya se percibía. Por primera vez en mucho tiempo, era una mañana tranquila, no más exigencias, no más problemas familiares. El noble, apoyó la cabeza contra el cristal, y suspiró aliviado. Si aún estuvieran en guerra, no habría podido dedicarse a los problemas de sus tierras y familiares.
Unos golpes en la puerta, le mandaron de vuelta al pequeño salón. De forma elegante, giró su cuerpo, sin esperar en absoluto, que él entrara por esa puerta. ¡ÉL! ¿Qué hacía de allí? Después de intentar negarle su derecho a heredar su legado, de tratar sus aspiraciones como burlas, después de haberle negado su ayuda cuando más lo necesitaba, después todo el daño que la familia le había hecho, se encontraba allí delante, sin ropas de viaje, sin uniforme, sin armas, con un simple atuendo.
                -Has venido…
                -Digamos que he querido darme un respiro. –Su voz y sus ojos habían cambiado con el paso de los años.
                -Después de todo… has vuelto… ¿Por qué?
                -Porque creo que esa quemadura que cubre vuestra cara, es suficiente castigo.
Lentamente, toco la arrugada piel rosada de su cara… era verdad, toda la familia había llegado a comportarse de una manera atroz con él, solo porque pretendía seguir su sueño. Le habían cargado con un peso demasiado grande para una persona, llegando a intentar destruir todo su esfuerzo. Aún podía recordar cómo el fuego les quemo sus rostros, tras dañarle. Esa noche, había sido la última vez que lo habían visto, herido, agotado, destrozado, pero decidido a continuar. Y ahora en cada rincón de la nación, se conocía al joven capitán que con su tripulación, lideró la rebelión contra un gobierno podrido.

                -Me he enterado que has tomado el mando de la situación aquí, y has ayudado a…
                -Sí, no podía dejarles a su suerte.
                -Gracias por…
                -No, –le cortó el noble, era absurdo que ÉL diera las gracias después de todo- los que tendríamos que darte las gracias somos nosotros, y pedirte perdón avergonzados. Gracias a ti estamos en paz. Debimos creerte, debimos apoyarte, debimos confiar en ti. Sé que ahora es muy tarde pero… vigilaré la ciudad por ti.
                -Yo, no soy de aquí, mi familia es mi tripulación. Soy un pirata. Pero admiro el gesto, y aceptaré de buen grado utilizar la ciudad cuando la necesite.
                -Sea pues… somos de la misma sangre.
                -Eso no dice nada… pero gracias –dijo dando media vuelta, sonriendo satisfecho, y centrando su futuro descansó en la blanca playa.