sábado, 20 de septiembre de 2014

Alone



Sus ojos verdes observaban cada movimiento, cada detalle. La ciudad estaba prácticamente en ruinas, pero sus supervivientes optaron por establecer su oportunidad de sobrevivir en el mismo lugar. Ladrones, asesinos, mercenarios… la ciudad negra era demasiado peligrosa para vivir, pronto estallaría una sangrienta lucha por sobrevivir, pero en sus mentes solo había cabida al dinero.
Dinero… en una sociedad como aquella no serviría… apuró su cerveza, y dejando un par de monedas salió del bar. Había parado para descansar, pero era evidente que allí no podría hacerlo, había demasiados ojos observando.
Caminó durante largos minutos, el viento acarició su rostro, se estaba volviendo cada vez más frio, era buena señal. Una vez la ciudad negra quedo situada a su espalda se detuvo.
                -¿Por qué me has seguido? –su voz resonó con eco.
                -Tú… -una joven salió de entre la oscuridad. Sus ojos verdes la reconocieron al instante, había pasado mucho tiempo y las cosas habían cambiado mucho- Tú… eres…
                -Sí.
                -Entonces… quiere decir que aún hay…
                -No… lo siento, viajo solo… no te voy a proteger…
                -Pero tú… eres…
El joven suspiró con cansancio, se merecía esa situación, todos ellos, una pena que no los hubiera encontrado, pero aun así…
                -Sal de la ciudad, en cuestión de días será un caos, dirígete a la costa, y no confíes en nadie –dijo aun sin saber por qué.
                -Gracias… has cambiado ¿sabes? Mucho…
                -Lo se…

Poco a poco la fue dejando atrás. Mientras en su cabeza resonaba “Las circunstancias han querido que cambiara”, sus pasos solo avanzaban hacia el norte, algún día llegaría.

viernes, 19 de septiembre de 2014

Red sea



No podía recordar como todo se había ido al traste. Había pasado así, de repente, sin avisar… todo su mundo se había apagado al cerrar los ojos. Se había convertido en lo que ahora se mostraba ante él, un desierto… ruinas…
Durante días buscó razones, supervivientes, algo a lo que su corazón se aferrara, algo que poder mantener… solo encontró decepción. La humanidad pendía de un hilo, y la única ley presente era “VIVE”. Ya no había campos verdes, riachuelos transparentes, ya no había vida, solo arena seca, y sol sofocante. Adiós al reír, al soñar, al vivir de verdad, solo podían alargar su existencia.
Lentamente miro a su cinturón… un revolver y unas pocas balas, era evidente que sus posibilidades eran bajas, pero… ¿alguna vez no lo habían sido?
Sus ojos verdes sin brillo miraron al norte, y sin mostrar emoción alguna, sus pasos en ese nuevo mundo comenzaron… Solo había una forma de avanzar.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

El miedo de la luz



Un latido… dos latidos… tres latidos… cuatro, cinco, seis… su mano apretando el pecho, ¿Qué estaba pasando? Cada vez iban más y más rápido. Hacía calor, había mucha gente, quería salir, no quería estar allí. Su respiración… era cada vez más entrecortada… le estaba costando respirar… ¿Qué era aquello?
Sentía frio… el frio látigo del miedo. Aquello era totalmente desconocido, y no le gustaba… le agobiaba, le oprimía. Sus pasos le llevaron al exterior, hacía calor… demasiado calor… no aguantaba allí.
Caminó con la mano en el pecho, y al fin logró llegar al inmenso parque. No sabía por qué se había dirigido allí,  pero en su interior sabía que estaba en el lugar adecuado.  Caminó en silencio, sin apresurarse… todos los recuerdos sobre aquel lugar afloraron a medida que caminaba, había rozado la felicidad en aquel lugar.
Lentamente se sentó bajo la sombra de un árbol… ¿Qué le había pasado? ¿Qué había sido eso? Tenía miedo… cerró los ojos, y comenzó a sentir… el viento, los niños riendo y jugando, los pájaros… no podía volver a repetirse nada de aquello, no lo permitiría. 

Suspiró… abrió los ojos… y tras recostarse  en la hierba durante unos largos minutos, se levantó orgulloso. Aunque el frio muro de su interior se completaba, el nudo que tanto le oprimía había desaparecido por unos minutos. Era inevitable… su propia naturaleza al fin había surgido, haciéndole elegir esa opción que le hacía ser él mismo, pasara lo que pasara.

martes, 9 de septiembre de 2014

Nightmare



Sus ojos verdes observaban cada detalle, cada matiz, cada movimiento de aquella playa. Sus pies le habían llevado allí, no sabía si para ocultarse, reflexionar, o para gritar sin que nadie lo escuchara. Pero la verdad ya estaba harto, llevaba días intentando eliminar aquel nudo en su interior, pero… cada vez que lo intentaba, una muralla de hielo se forjaba más alta y fuerte en lo más hondo de si mismo.
Sus rodillas cayeron pesadamente en la arena… el viento trajo el sonido de esa melodía que siempre quiso bailar y que nunca le dieron oportunidad, cerró los ojos y el mundo dejó de existir a su alrededor. Solo él y la melodía, y todo comenzó en su interior de nuevo… oscuridad, desazón, pérdida, y entre todo aquello unos ojos azules color esperanza.
La melodía seguía sonando… y recordó el inició de la enfermedad, el precio de la ignorancia, el cansancio de tantos años de lucha, y por último recordó la pérdida de su única esperanza… de su razón para sonreír… eso fue lo peor, la pérdida de su sonrisa.
La melodía seguía sonando… pensó en la justicia… qué iluso había sido, no había justicia para gente como él, estaba claro…
La melodía seguía sonando… abrió los ojos, y aun sin poder aliviar ese nudo, miró hacia su mano. El oscuro y pesado revolver seguía en su posesión… podía comenzar a apuntar y disparar, o dejarlo allí enterrado en la arena.

El sonido del mar fue venciendo al final de aquella melodía que tanto ansiaba bailar. Y sin una decisión todavía se levantó, consciente de que ese muro de hielo de su interior era ya prácticamente indestructible.

martes, 2 de septiembre de 2014

La puerta del mar



Sus ojos verdes  observaban la vieja puerta de madera. Todos los años la cruzaba… esa puerta, la puerta a un mundo tranquilo, sin preocupaciones, un mundo en el que todos querrían estar, pero pocos saben aguantar. Él era inteligente, solo la cruzaba y volvía al cabo de unos días, sabía que la realidad aguardaría su regreso, conocía el camino de vuelta…
Su mano tocó el metálico pomo, y noto la fuerza desde el otro extremo. Aún estaba dudando de si cruzarla esta vez… ¿haría bien pisando esos maravillosos dominios?
Sus ojos se humedecieron, y tras dudar una vez más, abrió la puerta y la cruzó. El sol inyectó calor a todo su cuerpo, y el mar le acarició con su maravillosa brisa, aunque el joven siguió sin sonreír, ¿era esto lo correcto?
Tan absorto estaba en sus pensamientos que olvidó cerrar la puerta… la puerta hacia el mar…