miércoles, 18 de febrero de 2015

One moment



Esos momentos de silencio, esos momentos… cuando no sabes que hacer, que decir, que senda tomar, esos momentos… cuando parece que aunque esquives la caída una, dos, tres… cien veces, eso que tanto intentas evitar acabará por llegar. Estás preparado, sabes que podrías sobrevivir a ello, pero… y a los que intentas proteger, esos por los que luchas… ¿están preparados? ¿Qué será de ellos?
Esos momentos en los que te agarras a un clavo ardiendo, “lo que sea” te repites a ti mismo, “por ellos… irías al mismísimo infierno” te dices mientras esperas que el karma no te mande otra hostia por pensar así. Pero en el fondo lo crees, sabes que es así, que eres humano, y aunque tu lógica te dice que esas cosas no existen, tu corazón te induce a dudar.
Esos momentos… en los que intentas desconectar. En mi caso, leer, escribir, dibujar, escuchar música, pero aunque tengas ganas de ello, no quieres empezar ese libro, o no estas inspirado, o incluso te duele la cabeza a los cinco minutos de poner música, y te odias a ti mismo… te preguntas si hay otro ser humano más idiota que tú, si te estas volviendo loco, o simplemente piensas en lo que intentas evitar pensar. Y lo peor de todo es que mientras ocurre todo esto, te sientes cada vez más estúpido.
Si… esos momentos… cuando por enésima vez ayudas, luchas, vuelves a ilusionarte, unas veces te dices “porque es lo correcto”, “porque estas por encima de lo que sea”, “porque esta vez es la buena, porque te lo mereces”, pero en lo más fondo de tu ser sabes que es mentira, que vuelves porque quieres, porque eres así, no puedes evitarlo, crees que los imposibles pueden existir, que estás destinado a vivir algo especial, y en ese momento tienes miedo, ¿y si no es así? ¿Y si no merece la pena tanto esfuerzo? ¿Y si tienes que ser como los demás? Ser arrogante, egoísta, cruel, desconfiado, un pasota… una roca. Y lo intentas… con toda tu alma y tus ganas, pero no puedes, y te odias a ti mismo, por ser el bueno, el tonto, el que siempre hace lo que cree correcto aunque suponga un sacrificio para él, el que decide, el que se arriesga, el que habla… te odias por ser el idiota que sueña, el romántico, el que sufre,  el que carga, el que cree, el que lucha, y sobre todo el que nunca consigue nada… bueno si, algo más para tu espalda de lo que nadie quiere responsabilizarse, o algo que sabes que te va herir, pero aun así lo coges, porque… mejor a ti y no que sufran otros. Si, lo haces porque crees la triste mentira de que otro en tu lugar haría lo mismo, idiota…
Esos momentos… cuando intentas romper. Conoces tu furia interior, la temes, por eso la controlas, porque sabes que si sale, podría pasar cualquier cosa… CUALQUIER COSA. Pero cuando quieres sacarla, no sale, algo falla… tu mente quiere, pero tu cuerpo no responde a la orden… y te odias mientras esa onda expansiva vuelve a tu interior, y tu cuerpo tiembla…
Esos momentos en los que el orgullo, el miedo, el desconocimiento… se enfrentan al cariño, esos momentos… en los que el hacer una cosa sería arriesgarse a perder otra, y no lo soportas porque no quieres perder, ya has perdido suficiente.
Esos momentos… no sabes si te han vencido, si te han cambiado… solo sabes que en esos momentos no puedes hacer nada… 

sábado, 14 de febrero de 2015

Nightfall



La brisa recorría cada rincón del silencioso castillo. No se escuchaba el tintineo de los cocineros, los martillazos de los herreros, los gritos en el patio de armas, nada… salvo el ligero murmullo de la pluma al rasgar el papel. Su mano se movía con agilidad y precisión, allí sentado en silencio, amparado por la tenue luz de una pequeña lámpara.
                -Deberías estar disfrutando…
No levantó la mirada de su tarea, ni se volvió… ni siquiera cesó su el murmullo del contacto de la pluma y el papel.
                -Necesitamos actuar con rapidez, estar preparados…
                -Pero no hay nadie en el castillo…
                -¿Acaso importa? –Preguntó sin dejar de escribir- Yo mismo les he dejado irse esta noche, sabrán que tienen que hacer…
                -¿Y tú? –preguntó el visitante jugueteando con sus dorados rizos.
                -¿Yo? Yo no estoy aquí hoy…
                -¿Y dónde estás?
                -A cientos de kilómetros de aquí, en un lugar donde nunca he estado.
                -¿Por qué? –preguntó el rizoso joven asombrado.
                -Porque tú lo has querido así…

martes, 3 de febrero de 2015

Dead or alive



El sonido de cada paso crujiendo sobre la nieve, le devolvía poco a poco a la tierra. Le dolía el pecho, respiraba con dificultad, temblaba, y su frente quemaba más que el mismísimo infierno. Tambaleándose de árbol en árbol por la debilidad salió al camino, el camino a su castillo.
                -Has sobrevivido… -piel de madera, unos intensos ojos verdes… sin duda era la famosa hada, esa de en la que tantas leyendas se hablaba- has vuelto de una pieza y sin la armadura negra, dime… ¿qué has hecho con ella?
                -La deje allí, bajo la nieve.
                -¡¡Bajo la nieve!! ¡¡JA!! –Exclamó con rabia- No puede haber ser tan idiota en la tierra, nadie dejaría tal poder así como así.
                -No… no sería correcto…
                -Correcto… -una sonrisa irónica se dibujaba en su rostro- entras en un bosque al que amas, lo cuidas, lo mimas, dedicas todo tu tiempo en conocer cada secreto, cada faceta, cada rincón, incluso serías capaz de protegerlo con tu vida, y entonces ocurre, su  propia naturaleza te engulle, te confunde, te hiere, te pierde, y tú aún con esperanzas caminas, durante días, sin descanso… intentando encontrar una explicación, algo… y lo haces, encuentras una dura y fría barrera, un poder que casi te mata. En ese momento, decido darte una solución, una salida, rápida, eficaz… podrías haberte convertido en el hombre más fuerte de la tierra, haber acabado con todos y con todo, doblegar a tus enemigos con solo mirarlos, coger lo que es tuyo por derecho. Pero tú prefieres seguir levantándote, prefieres continuar luchando y sufriendo…
                -Si hubiera aceptado… ¿en qué me diferenciaría de mis enemigos?
                -¡¡NO SEAS ESTUPIDO, YO SE LO QUE DESEA TU CORAZÓN!! Tus gritos durante los delirios… si, yo lo sé bien…
                -Me da igual ser estúpido…
                -¿Qué?
                -Que me da igual… no me importa que todos me vean como un estúpido. Lo soy… soy el estúpido que se levantaría de cualquier cosa por ver a un niño sonreír, soy el idiota que cree en sentimientos como el amor, la lealtad, y el cariño, soy el estúpido que se emociona con un “te quiero”, el que cree en la justicia, el que lucharía hasta en el infierno por un amigo, el idiota que sueña con un mundo tranquilo y feliz con las personas a las que ama, que cree en los finales felices, como en los grandes libros e historias. Así que sí, llámame estúpido por arriesgarme,  por soñar, por proteger, por reír, llorar, cantar, por amar…  puede que sin ese trozo de metal negro no tenga ninguna posibilidad de sobrevivir o de alcanzar mis objetivos, pero al menos si algún día el mal vence al bien, o el mundo comete su última injusticia, si todo se acaba alguna vez para mí, mi última caída será sonriendo por haber estado con las personas a las que amo hasta el final, por saber que utilicé todas mis fuerzas por intentar un mundo mejor, el mundo que yo quise amar.
Sabía lo que le esperaba a su regreso al castillo… luchas, miedo, dolor, pérdidas, incluso puede que el fin, pero sonrió, y dejando allí a la legendaria hada, tomo rumbo a su próximo destino.

jueves, 29 de enero de 2015

In my mind



El frío contacto de su rodilla con la nieve fue el último atisbo de realidad, el bosque se había convertido en un auténtico desierto helado, llevaba días caminando, con ese insoportable dolor en el pecho… quién le habría mandado tocar la helada pared de hielo, parecía nuevo… era vergonzoso, él, que había recorrido ese bosque conociendo cada rincón, cada maravilla, cada matiz… conocía sus facetas, sus peligros, sus puntos débiles, sus rincones más admirables. Sabía todo, había luchado por protegerlo, por hacerlo parte de su vida, pero el bosque era pura naturaleza… y nadie podía controlarlo. Y aún a pesar de todo, se había perdido en su interior… qué solitario era así, frio, helado… echaba de menos sus aromas, su textura, su fuerza.
Su puño golpeó con rabia el suelo… el pecho le oprimía… ¡¡qué más!! Qué más tenía que hacer, estaba harto… cansado de ser el idiota que ponía su espada al servicio de todo… su respiración deceleraba, sintió el frio en su interior… ¿por qué? Se preguntaba una y otra vez… ¿acaso el hecho de luchar, de estar ahí… no valía? Había hecho más de lo que cualquiera hubiera hecho en cien años, y aun así allí estaba, perdido entre blancos árboles y con un desolador viento helado como única compañía.
El segundo puñetazo, fue el inicio de una marcha frenética, no podía parar, cada golpe… cada puñetazo aumentaba el ritmo del siguiente. ¿Su mente? Ya no existía tal cosa, solo podía oír el frenético murmullo de su corazón… “ya está bien”.
Un metálico estallido rompió con toda actividad… ante él se hallaba, negra como el carbón, brillante como la luna en la noche, y dura como aquella helada barrera… ponerse aquella negra armadura suponía dejar de ser él, conseguir todo  por lo que luchaba sí, pero volver su corazón más negro que aquello que pretendía combatir…
Proclamar lo que le correspondía por medios más que cuestionables, o seguir perdido en aquél helado bosque que tanto ansiaba proteger y que tanto costaba querer… ¿cuál era la decisión? Su mano se extendió… la decisión estaba tomada.

sábado, 17 de enero de 2015

Remind



Un leve escalofrío recorrió su cuerpo. La fría tormenta de nieve había cubierto todo a su paso, desde hacía horas no sabía dónde estaba, se había perdido… y para más inri, la fuerza de la tormenta aumentaba por momentos. Caminó durante horas, solo, perdido entre lo que supuestamente era un boque, con solo dos metros de visión, y la nieve hasta las rodillas. Podía ser el final para él… estaba calado hasta los huesos, tenía hambre y sueño, y no dejaba de titiritar.
Sus pasos se detuvieron ante la helada muralla. ¿Qué era ese lugar? ¿Acaso las leyendas sobre el límite del mundo eran ciertas? Alta, invencible, y transparente, la gigante pared de hielo surgió ante él. Su vista no alcanzaba a ver su verdadera altitud, pero si distinguió algo extraño a escasos metros. Lentamente y seguro de su inminente muerte, avanzó hasta el posible último descubrimiento de su vida.
Un grito de asombro escapó de su interior, una persona… ¡¡había un chico allí dentro!! Su pelo blanco como la nieve que le rodeaba, y su expresión no mostraba dolor, parecía como si durmiera. Pero aun a pesar de ello él sabía que ese chico había sufrido… no sabía porque, pero lo sabía. Había algo en él que le inspiraba lástima…
Al menos moriré acompañado” –pensó mientras su mano tocaba el helado cristal.
Su cuerpo dejó de responder, no podía separar la mano del hielo… pero pronto dejó de resistirse, pues él, el durmiente joven, abrió lentamente los ojos. Con cierta lentitud, observó todo a su alrededor, incluido a él. Su mirada era melancólica y vacía, no había sentimiento alguno en ella.
Lentamente el extraño joven, aún dentro de su helada prisión se movió hacia él. Pesadamente su mano salió del hielo como si de agua se tratase, y sin mostrar ni un ápice de duda, la posó en su pecho. 
El mundo se volvió frio, su respiración era cada vez más entrecortada, y su corazón comenzó a latir más despacio. Le dolía… el frio le quemaba por dentro… sin poder controlarlo emitió un aullido de dolor. Su cuerpo salió disparado un par de metros sobre el suelo, y allí tendido el líder rebelde tuvo miedo… miedo a equivocarse, miedo a perder, a perecer, miedo a no terminar, a no volver a sentir nada nunca más, a cerrar la puerta de su propia cordura, miedo a no volver a vivir…
Intentó llorar pero nada salió de su interior, intentó gritar pero sus entrañas estaban congeladas, lentamente se levantó e intentó correr, pero fue en vano, se sentía pesado, sentía la carga… y tambaleándose se adentró de nuevo en el bosque, solo, calado hasta los huesos, con solo dos metros de visión, y la nieve hasta las rodilla, pero eso ya no importaba…