martes, 20 de octubre de 2015

Cataclysm



Su respiración era entrecortada. Sus pies eran rápidos… ágiles, sabían dónde y cómo pisar. Él y el húmedo bosque eran uno solo, cada árbol, cada rama, cada roca, cada cueva, cada rio y riachuelo… todo. Él no necesitaba correr, él se deslizaba por el bosque. Cómo un fantasma atrapado en el mundo, como el descendiente vuelo de un águila en su intento de atrapar aquella presa que le ayuda a sobrevivir, cómo la lluvia que desde aquel cielo gris golpeaba cada hoja de aquel paraíso natural…
Y entonces se paró allí… frente al precipicio. Su respiración era entrecortada…  observó… estaba nervioso, ¿miedo? ¿rabia? ¿quizá tristeza…? Y apareció… rápido, con un poderoso estruendo, iluminando el oscuro bosque. Su irónica sonrisa no apareció en su rostro aquella vez… rodeado de su poderoso y temido poder. Cualquiera en su lugar habría retrocedido unos pasos, pero él sabía que aquel intenso fuego que vencía a la lluvia jamás le dañaría.
Sus ojos verdes le señalaron bajo el acantilado. Aquella sombra de fuego no dudo, no titubeo, miró al vacío demostrando que aún confiaba en él… como siempre. Al ver los estandartes del ejercito que descansaba bajo sus pies, la fuerza de sus llamas se intensificaron… irradiaba cólera.
                -¿No dices nada? –le preguntó lleno de ira- como osan cometer tal acto. Todos mis hombres están recogiendo sus armas, es hora de demostrar nuestra fuerza…
                -No lo hagas… -le respondió.
                -¿Cómo?
                -No puedes… eres un soldado fiel, todos tus hombres dependen de ti y de tus compañeros. No puedes atacar, no beneficiaría a nadie que ata…
                -¡¡No tengo nada que perder!! –Interrumpió la extraña silueta intensificando aún más sus llamas- han atacado a mi hermano, y pagarán por ello… mis compañeros te respaldan, y toda la ciudad te quiere.
                -No lo hagas… ve y cumple las órdenes, y sobre todo sigue siendo tú mismo. Mi compañero de armas, mi apoyo, mi hermano…
                -Entonces… irán a por ti. No se detendrán, ahora ya no tienen miedo, no necesitan apoyo, tienen poder suficiente para destruirte.
                -Lo se… ¿pero sabes qué? Estoy dispuesto a arriesgar mi vida… si conlleva proteger a las personas que más quiero, a todo aquello por lo que he luchado siempre… todo lo que tengo… todo lo que he conseguido ha sido gracias al fruto del esfuerzo y la determinación de defender una causa noble. Estoy cansado… me da ASCO Y VERGÜENZA vivir en un país donde la HIPOCRESÍA Y EL PODER corrompen el 90% de los corazones, dónde la riqueza es MALGASTADA EN LOS CAPRICHOS DE CUATRO HIJOS DE PUTA mientras el resto de personas PASAN HAMBRE, dónde hacer tu trabajo correctamente ESTA PERSEGUIDO SI NO BENEFICIA A QUIENES GOBIERNAN, dónde hagas lo que hagas siempre habrá alguien que intente HUNDIR LAS ESPERANZAS Y LOS SENTIMIENTOS de las personas, donde solo el propio beneficio es la única ley a seguir. Yo digo BASTA… hoy, aquí y ahora yo digo es mi turno.
                -¿Qué piensas hacer?
                -Puede que yo esté en jaque mate,-dijo sonriendo con tristeza- puede que yo pierda la posibilidad de luchar, que me separen de aquellas personas a las que tanto quiero y he protegido durante estos años, puede que las circunstancias me hagan irme lejos tarde o temprano… tan lejos que no vuelva, puede ser… pero también es verdad que gracias a mi los que un día he protegido son capaces de proteger aquello por lo que tú y yo luchamos. Yo he sido capaz de educar auténticas personas libres y fuertes. Estoy seguro que si algo me pasara… ellos lucharían igual o mejor de lo que he hecho yo… pero de momento sigo aquí como siempre, con más fuerza que nunca, y seguiré luchando por aquellos a los que mi alma más quiere.
                -Eres…
                -Solo soy lo que aquellos que protejo necesitan que sea –le interrumpió él  mirándole con sus sinceros ojos verdes bajo su capucha blanca, y entonces se percató… su posición, sus ropas… en la última gran guerra él portaba esa armadura de capucha blanca. Eran otros tiempos… él no era quien es ahora… fue una pequeña tripulación contra el mundo entero, pero ahora…- lo único que lamento es no poder estar a tu lado tan pronto como quisiera hermano…
                -Eres un pira…
                -No… -lo interrumpió él con expresión seria- ese hombre murió hace mucho tiempo ya… sin embargo se dice que se teme a cinco jóvenes… yo solo soy el humilde maestro de un pequeño gremio. Un lugar dónde las libertades de las personas son reconocidas, dónde cada uno en pos de un mundo mejor aporta su pequeño grano de arena… y como maestro de gremio creo que a partir de este momento declaro rotas todas las alianzas y el comienzo de una nueva era… de una nueva guerra… 

Lo dijo con una sonrisa tan sincera y tranquila que incluso con todo su poder un escalofrió le recorrió toda la espalda. Y así sin decir nada más, su cuerpo se transformó fundiéndose de nuevo con el bosque… dejándolo solo en aquel acantilado. Aquel nuevo poder era espectacular… y entonces sonrió, se le consideraba un peligro por ser quien era. Si las personas necesitaban un héroe él sería héroe, si el mundo necesitaba un villano él se haría pasar por un auténtico canalla, si aquellos que protegía necesitaban un maestro él sería el mejor maestro posible.
Continuará…

domingo, 4 de octubre de 2015

La brecha del viento



El viento sopló haciendo crujir la vieja madera. La luna, fiel madre de la noche, se alzaba voluptuosa como guardiana de todas las estrellas del firmamento. Las olas, revolucionaban con su refrescante espuma la vieja playa. Ella, una de las más poderosas diosas para los hombres, se acercó lentamente y le observó. Parecía cansado, triste, solo… los verdes ojos de ese joven reflejaban muchas cosas, y aun a pesar de todo él seguía allí, sentado en la arena.... mirando el horizonte, con su pelo largo y su barba poblada. ¿Quién podría imaginar que solo hace unos días ese hombre había osado exigirle respuestas?
                -Estás muy callado, según tengo entendido alguien te espera esta noche.
                -Ha llegado un mensajero… nuestros enemigos vuelven a armarse una vez más.
                -Bueno… -contestó  ella tras unos segundos eternos- ese es tu cometido…
                -No… mi cometido es enseñar, no estar peleándome por el bien de las personas siempre. Estoy cansado… cansado de alianzas que se rompen, de personas que cambian sus principios como simples monedas, harto de resolver conflictos… por Dios compañeros son ahora enemigos y el antiguo enemigo ahora es compañero, estoy cansado de este mundo al revés, de injurias contra alguien que solo busca educar a la esperanza de este mundo podrido, harto de ilusiones que se pierden, de personas que te decepcionan… empachado de golpes que podrían arrancar de cuajo el corazón de un hombre, de ver cómo aquellos por los que tanto luchaste y amaste son capaces de volverse en tu contra. Ni siquiera… se me permite una noche de placer, una comida tranquila, un sueño reparador, nada…
                -Y ¿qué piensas hacer para ser digno de ello humano?
                -Nada… -el cansado sonido de su voz le hizo temblar.
                -¿Nada?
                -Nada… ya basta… puede que no sea tan bueno como todos creen, que no tenga el potencial adecuado, el poder para hacerlo… que no sea tan especial como se espera. No puedo… no quiero cargar con más… necesito sentir placer, alivio, quiero poder dar un paso sin que medio mundo tenga que ponerme un punto de mira entre ceja y ceja.
                -¡¡Un mero hombre no puede decidir eso!! –exclamó ella con rabia.
Permaneció en silencio... acariciando los restos de un viejo barco destrozado. Sin mirarla... sin percatarse ni siquiera de ese rojizo tono lunar que ahora brillaba en el cielo nocturno y tantos años había esperado ver.
                -Por culpa de todo esto, yo ya no soy un hombre cualquiera…

martes, 22 de septiembre de 2015

Llamada al valor




El estruendo metálico de la puerta llenó toda la estancia. Todo estaba en silencio, un silencio sepulcral… no había pájaros cantando, no se oía el sonido de la hierba ni los árboles meciéndose con tranquilidad, no había sonido alguno de las olas de mar… nada. Era incomodo, insoportable, algo terrorífico, vacío… pero él estaba allí, en pie frente al gran mapa, con los brazos apoyados en la gran mesa, absorto en sus pensamientos, con una única luz de vela como compañera. El miedo se abrió hasta el fondo de su corazón, ¿cómo llamar su atención sin importunarle?
                -¿Te desgarra el alma verdad? –su potente voz le sobresaltó, aunque lo que más le inquietaba era su sonrisa.
                -¿Cómo… cómo consigue estar solo aquí? –Estaba temblando- es todo tan silencioso… no se oye ni un alma en todo el castillo, y no hay nadie en el pueblo, es realmente aterrador…
Por primera vez, bajo su largo pelo castaño le miró fijamente a los ojos y volvió a sonreír. Le reconfortó, se tranquilizó…  algo en aquellos ojos verdes le calmó… como una brisa marina, como el suave viento de una tarde de verano, cómo el silencioso viento otoñal, como la fría caricia de una mañana blanca.
                -Normalmente no es así… esto está lleno de vida, de ilusiones, de sueños… de este pequeño pueblo surgieron grandes pensadores del mundo, gobernadores, artistas, aventureros, escritores, inventores, maestros, guerreros… todos grandes. Aquí se forjaron, se forjan y por el momento se forjarán la esperanza del planeta tierra. Bienvenido a mi pequeño gremio mensajero.
                -¿Cómo sabe que yo…?
                -Lo se… -interrumpió- ¿por qué no me dices quién quiere contactar con este pequeño maestro?
                -Las ciudades centrales, piden su asistencia en próximos días, y un hombre me ha pedido que le entregue este mensaje: “Arma a tus aprendices, convoca a tus compañeros de armas, te espero hermano…
Sonrió, escuchó cada palabra como si ese idiota las hubiera dicho en voz alta. El fuego se aceleró en su corazón, sin duda era él…con su inquebrantable sonrisa y su fuerza quien convocaba con pasión volver a unirse como si de hermanos de sangre se tratara.
                -¡¡Esplendido!! –El grito volvió a sobresaltar al mensajero- ¿joven estás preparado para viajar mucho más al norte?
                -¿Al norte?
                -Creo que va siendo hora de convocar a todas las personas a las que quiero con todo mi corazón. Ve y manda un mensaje al cuartel general, solo puede leerlo el más alto de los mandos, en él le insto romper lo acordado, y a forjar una alianza más fuerte y prospera. Una vez realizado esto, mandarás este mensaje a mis compañeros y a todos y cada uno de mis aprendices: “El descanso se acabó, quien quiera volver será bienvenido en el gremio, todos juntos intentaremos soñar una vez más”. Por último, vuelve con ese guerrero del fuego que te manda, y dile que haré todo lo que esté en mi mano para unirme a la llamada lo antes posible. Vamos… -dijo con ímpetu- tienes tu cometido, yo el mío… ¡comencemos esta aventura una vez más! ¡Intentemos soñar!
Intentando asimilarlo todo lo mejor posible, el joven mensajero se apresuró a subir a bordo del barco. Grande era su viaje y su cometido pero lo haría lo mejor posible. Antes de dar el primer paso hacia su nuevo destino sus ojos se posaron en el hombre que desde la playa miraba sonriendo el horizonte marino… en ese momento lo vio en su espalda, y entonces… solo entonces comprendió, no es solo un hombre, no es solo un símbolo, es un sentimiento, una esperanza, un sueño de alguien capaz de amar. 

viernes, 28 de agosto de 2015

El sueño de un tonto que quería ser más tonto



Los sonidos del bosque fueron interrumpidos por el sordo sonido de las pisadas contra el suelo.  Ese suelo suave en el que poder caminar descalzo, como si de una verde alfombra blanda se tratara. Ella, sentada en su gran trono de piedra le observaba  con incredulidad… quizá también con algo de temor. Había que reconocerlo, no mostraba un porte adecuado, sus ropas estaban llenas de barro y sangre, cojeaba, su brazo izquierdo estaba muy malherido incluso parecía muerto, tenía el labio reventado y dos grandes hilos de sangre recorrían todo su rostro desde la cabeza.
                -Tú… líder de una rebelión, el hijo del viento, poseedor de grandes victorias, temido y odiado por muchos, seguido por otros cuantos a los que pretendes proteger… tú… no sé qué puede ofrecerte una servidora del corazón, de las miradas, de las palabras, de un beso bajo las estrellas y bajo el sol, de las sonrisas de confianza, de los abrazos por la espalda…
                -Una explicación.
                -¿Una explicación? –Preguntó sorprendida, ¿cómo osaba un humano cualquiera pedir tal cosa?- Y… ¿por qué crees que debería yo concederte tal…?
                -¿Por qué? –Interrumpió él con desprecio- porque siempre has hecho que pasara algo, ambición, dolor, miedo, confusión, obstáculos…  nunca he tenido la oportunidad de alcanzar aquello que con tanto orgullo dices amparar. Quizás en esto sea prácticamente un novato, incluso torpe no lo sé, pero al menos soy capaz de proteger y apoyar a las personas, de sacar una sonrisa en los peores momentos, de escuchar cuando parece que todo el mundo es demasiado ruidoso, de buscar una salida cuando todas las calles están cerradas, de tener el valor de luchar cuando ya nadie tiene esperanza, de sorprender cuando ya se cree haber visto todo, de conseguir enseñar aquello que nadie había sentido jamás, de sentir lo más profundo de las personas cuando parece que el mundo no es capaz de darse cuenta de lo que sienten, de dar ese abrazo en el momento que más necesitamos, de alcanzar los sueños, las esperanzas y los momentos que tanto nuestros corazones necesitan…
El silencio entre ambos se prolongó durante minutos. Ella no sabía que contestar, ¿quién era ese infeliz? ¿Por qué podía sentir su dolor? Y lo más importante, ¿por qué no le tenía miedo como todos los demás?
                -¿Quién eres?
El viento comenzó a acariciar las copas de los árboles, a pasar entre los troncos, a tocar la música de las hojas, a alborotar su cabello…
                -Soy aquel que siempre escucha, que siempre espera… soy aquel que ha tenido el valor que muchos otros no tienen, soy aquel que ha muerto por querer alcanzar lo que todo ser humano merece, soy aquel idiota que siempre estará ahí.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Ecos del nuevo mundo



El viento ya no soplaba, la luz del mundo se apagó a su alrededor, el frescor de la vida había desaparecido… ni siquiera había tierra natural sobre la cual pisar. Aquella habitación era aterradora, pero él no se movió ni un centímetro. Permaneció allí en medio de los 4 tronos, sentado en aquel frío suelo, esperando… su expresión era tranquila, ojos cerrados, respiración calmada… parecía como sumido en un sueño, y en parte así era.
Su mente veloz cómo una estrella fugaz le tele transportó a sus recuerdos, su maestro, sus esperanzas, sus promesas, los cambios… túnicas de capucha blanca, la bandera negra, sus viajes… su muerte, la expulsión de los cuatro, la disputa con las estrellas, el ataque de aquel con el que compartía sangre… “¿Qué te ha pasado? Te has vuelto… frío… distante…” recordó esas palabras. Era cierto… había cambiado. Ya no confiaba, no descansaba, no buscaba… ya no amaba, y así fue cómo volvió a disfrutar de la vida.
Lentamente abrió los ojos, era el momento, él estaba allí. Escucho el sonido de sus pasos durante unos minutos, y como salido de las sombras un joven de capucha gris se mostró ante él portando sus pesadas cadenas. Su encuentro era inevitable, no había duda, era él… el pasado.
Levantándose respiró hondo, y poco a poco controló su respiración… tomo conciencia de todo su cuerpo, despejó su mente, y corrió hacía él. Una vez había vuelto a respirar, la joven Viento  dulce y resistente con su larga melena dorada renació; tras controlar su cuerpo, de las profundidades con su eterna seguridad emergió  el joven Tierra firme y sabio; cuando hubo conseguido despejar su mente, majestuosamente llego Agua lleno de solemne frescura y vida; y una vez comenzó la carrera produciendo un sonoro estallido surgió el poderoso y fuerte Fuego con su cariñosa sonrisa irónica. Todos ellos, ya sentados en sus respectivos tronos, eran los nuevos elementos de su corazón, aquellos que le darían fuerzas contra el nuevo enemigo.
Aun a pesar de sus cadenas, bajo su capucha grisácea, se lanzó hacía él. Sabía que no podría eliminarlo, destruirlo, olvidarlo… claro que lo sabía, pero tampoco iba a llevarlo con él.
                -¡¡Ya basta!! –gritó sin poder evitarlo cuando su puño golpeaba brutalmente la cabeza del encapuchado contra el suelo.
Nadie habló en la habitación, solo se oían el contacto de las gotas de sangre que caían de su mano con el suelo. El inmóvil cuerpo encadenado desapareció dejando simples cenizas en aquel suelo resquebrajado.
Sus ojos verdes miraron a los cuatro, confiaba en ellos…
Lentamente volvió a abrir los ojos. La hierba era una almohada fresca, el frescor del viento era su aliado, y un hermoso cielo estrellado se mostraba ante él, había pasado mucho tiempo desde que había observado a las estrellas… y en respuesta a sus pensamientos por primera vez en su vida, una estrella fugaz le permitió ser el único observador de la belleza del mundo.