jueves, 17 de noviembre de 2016

Choque de dragones




La fría caricia del invierno traída por el viento le hizo estremecerse. Él, el mago del fuego, el domador de las llamas… estaba sintiendo su aliento gélido cerca. Con la paciencia de un depredador apunto de atacar fijó su vista en lo más profundo del bosque.
Durante unos segundos llegó a dudar de haber notado ese helado soplo, pero entonces vio su sombra correr entre las ramas. No dudo ni un solo instante y con una súbita explosión apareció tras él. Su oponente no vaciló en su camino, cada salto en cada rama, en cada roca, cada punto de apoyo, cada quiebro. Sin duda era hábil y conocía mejor el terreno, pero no conseguiría disuadirlo.
Su primera barrera de llamas le hizo cambiar de dirección de forma brusca y tras unos doscientos metros llegó a esquivar su bola de fuego por los pelos. El mago del fuego sonrió para sí, estaba cayendo en su trampa, el precipicio estaba al caer.
El joven corredor no aminoró el paso y sin siquiera mirar atrás saltó al vacío. Trataba de engañarle pero no se lo tragaba pensaba el maestro del fuego mientras saltaba también  llamando al guardián de su poder.
El calor de su corazón se intensificó, su cuerpo tornó a un mar de fuego, sus brazos desplegaron las doradas alas y el grito de batalla del fénix retumbó en cada rincón del valle. No le hizo falta saber sobre que halcón lanzar su ataque, conocía cada uno de sus poderes y facetas.
Tras un sordo golpe ambos cayeron en picado como un ardiente asteroide. No tuvo piedad alguna al lanzar su cuerpo contra el suelo. De vuelta en su forma humana esquivó su primer golpe y concentrando todo su calor en un punto, le propinó un ardiente puñetazo en la cara. Aun habiendo retrocedido unos cuantos metros… él, bajo su negra vestimenta llamó a su poder natural en una dolorosa patada en el estómago. Irguiéndose al instante supo que ninguno de los dos iba a ceder y cuando sendos puños chocharon entre sí, toda la isla tembló bajo la sonora explosión, quedando bajo un silencio sepulcral.           
                -¡TÚ! –Exclamó el mago con un sonoro gruñido mientras se levantaba y escupía sangre- ¡LEVANTANTE NO PUEDES ENGAÑARME! ¡Esto no ha sido nada para ti!
                -Sin duda, me conoces demasiado bien… -le dijo él incorporándose y clavando sus verdes ojos en él- parece ser que estás dispuesto a que te patee el trasero.
                -¡JA! ¡Un salvaje de pueblo cómo tú jamás podrá ni siquiera rozarme un solo pelo!
                -¿Te das cuenta… de que no nos hemos podido librar el uno del otro jamás? –dijo el caballero negro mostrando en su puño el azulado fuego de los guardianes.
                -Es un callejón sin salida, nuestro destino es aceptarlo… -le respondió el mago llamando de nuevo a las llamas del fénix.
                -¡¡SOMOS HERMANOS IDIOTA!! –exclamaron al unísono mientras sendos guerreros corrían a lanzar el más ardiente de sus ataques. 

jueves, 13 de octubre de 2016

El sello



La madera se resquebrajó violentamente. El viejo barco de bandera negra rugió indicando el inicio de su muerte. Las olas, fuertes ataques de Poseidón golpearon el espolón  agrietando la columna vertical del barco. Antes de que el agua comenzara a entrar él sabía que era el final.
El crujido del fuerte contacto con la arena, le indicó el momento exacto para saltar. Una vez sus pies tocaron tierra firme, el barco emitió un último grito al mar pereciendo para siempre en la orilla de aquella playa solitaria.
Aun exhausto por el intenso viaje miró al sol y alzó la vista con decisión… su aspecto parecía joven, pero su mirada mostraba la sabiduría de un auténtico anciano. La había encontrado al fin, una isla alejada del mundo, salvaje… dura.
“Un lugar perfecto” pensaba con una sonrisa llena de determinación. Sus manos lentamente tocaron la árida arena y él apareció. El más sabio de sus elementos, aquel que alimentaba la semilla de su corazón, el guardián de la tierra. Sus labios llamaron al viento, y una suave brisa trajo al guardián que compartía el elemento de su nacimiento. Sus ojos miraron al señor del fuego y con una sonora explosión él, el guardián del fuego con su irónica sonrisa apareció. Antes de que pudiera siquiera continuar sonrió al notar su abrazo por la espalda, fresco, gratificante… espontaneo como el suave oleaje de la mar en una calmada mañana. Ella, la guerrera del agua, la guardiana del león había acudido también.
                -Gracias por acudir a mi llamada.
                -Cómo si tuvieras alguna elección de decirnos dónde debemos estar –contestó con una sonrisa el guardián del fuego.
                -¡¡El barco…!! –exclamó su compañera con un hilo de voz.
                -Es evidente que nos necesita aquí en medio de la nada –razonó el joven de la tierra.
                -Tiene poder suficiente como para volver –dijo el guardián de su elemento.
                -Es cierto… -les interrumpió el joven sonriendo- todo es cierto. Pero os he llamado por otra razón. Oficialmente la guerra se ha acabado como bien sabéis, nuestro objetivo se ha cumplido, la paz… se que todos hemos pagado costes muy grandes, pero al fin nuestro papel aquí ha concluido. Por eso os he llamado para liberaros de los elementos…
                -¡No! –Exclamó su amiga- tu corazón…
                -Y todo su poder… -completó viento.
                -¡¡OS LO DIJE!! ¡¡ESTA CÓMO UNA PUTA CABRA!! –exclamó el fuego avivando sus llamas.
                -No es lo más conveniente… -susurró tierra con voz tranquila.
                -Lo se… -dijo el joven tras unos segundos- pero por primera vez en mucho tiempo, confío en mi propia fuerza. El sello debe ser roto. ¡Tú hechicero del tres al cuarto! –el mago le miró con una sonrisa llena de orgullo- gracias por ser los ojos que había perdido, mi grito en la batalla, mi compañero… mi hermano. A ti guerrera del león –le dijo mirándole con dulzura mientras acariciaba su suave mejilla- gracias por haberme salvado del peor de los destinos, por ser mi apoyo más fuerte, por ayudarme a levantarme por mi mismo, por cuidar de lo más frágil en mi… mi corazón. A ti compañero del viento, -le dijo mientras las marcas de su piel comenzaban a brillar- gracias por ser el mensajero de mi voz, la humildad y la inocencia que había perdido, la libertad de hacerme volar como un dragón. Y a ti curandero­… -él joven guardián le miró con interés- gracias por ser mi curiosidad, el vendaje de mis heridas, la locura y la cordura al mismo tiempo, los sueños y la razón. Si… -continuó tras unos segundos de silencio- gracias por mantenerme con vida, por ser mi fuerza y mi armadura contra mis enemigos.
                -No lo hagas… -dijo la voz del mago del fuego mientras el joven clavaba la escamosa garra en su corazón- ¿Y si nos vuelven a necesitar? ¿Y si te volvemos a necesitar?
                -Gracias por ayudarme a convertirme en un auténtico maestro…
Y bruscamente lo sacó emitiendo un rugido. El sello de madera ardió tras haber entrado en contacto con la luz del sol, y sus rodillas cayeron pesadamente contra la arena. El mago del fuego y la guerrera del león detuvieron su caída.
                -Loco… -susurró el médico.
                -Si… -contestó tras escupir algo de sangre- Si nos vuelven a necesitar acudiré… si… un maestro debe estar siempre dispuesto a luchar por aquellos a los que ama ¿no? –y reincorporándose mientras se apoyaba en su compañera pronunció lentamente el inicio de una nueva leyenda- ¿Qué os parece empezar con esta isla?

lunes, 19 de septiembre de 2016

La caída de los gigantes



El graznido de las gaviotas se alzaba como pregonera de la paz. El intenso frescor que las olas producían rompiendo contra el acantilado, por primera vez en años recorría cada rincón del ahora ruinoso castillo.
El sonido de las botas y las espadas de las tropas reales comenzando la lenta marcha se fundía con la tranquilidad de aquel bello lugar. Lo habían hecho al fin… repetía una y otra vez la mente del más joven soldado mientras la esposaban e iniciaban el retorno ansiado.
El castillo estaba destrozado. Torres derruidas,  salas arrasadas, enormes agujeros en las paredes, sangre y garras gravadas en la piedra.
                -¿Has visto eso? –Le dijo su compañero en un susurro mirando las marcas de garras- dicen que fue él…
                -¿Cómo?
                -El dragón… se dice que antes fue un soldado de nuestras filas. Un auténtico soldado, el único superviviente de la  vieja guardia real. Dicen que alzó una tripulación bajo su bandera negra y tras derrotar a nuestros antiguos altos mandos y ganar la gran guerra, se dedicó a entrenar un ejército libre.
                -¿Libre?
                -Si… un ejército rebelde que erradicara los últimos resquicios de corrupción tras la gran guerra. Dicen que él y su tripulación fueron derrotando uno a uno a todos los comandantes y que cuando ya no quedó nadie, declaró ser discípulo del mismo guardián del fuego antiguo.
                -Pero ese guardián murió…
                -Y él proclamó su legítimo derecho de libertad. Se dice que con su tripulación fundó un auténtico gremio libre, que en cuestión de pocos años sus tropas alcanzaban una centena,  que sus apoyos iban desde los pueblos llanos a la mismísima capital del reino.
                -¿Y qué pasó con él?
                -¡¡SILENCIO SOLDADOS!! –exclamó el capitán desde la delantera de la marcha.
                -Se dice –continuó su compañero entre susurros- que la prisionera fue la segunda enemiga del rebelde y que al ver cómo derrotaba a su superiora decidió asociarse con él. Compartían el mismo fin pero la forma de intentar lograrlo chocaba sin parar, ella prefería el miedo, el control y un concienzudo adoctrinamiento, él como te decía lideraba un ejército libre y se tomó su adiestramiento como si fuera el suyo propio. En cuestión de semanas las diferencias eran visibles, pero que al cabo de unos meses el poder del ejército libre no tenía rival, incluso parte de las tropas de este castillo se unieron a sus filas. Sus tropas seguían sus instrucciones al pie de la letra, cada miembro del gremio tenía un poder diferente, pero su entrenamiento había sido el mismo a tanto a nivel físico, como mental. Nadie en todo el reino era capaz de saber cómo lo había logrado… se dice que la prisionera, presa del miedo y de los malos consejeros comenzó a envidiar sus resultados y ansiar ese control. Se dice que durante mucho tiempo la prisionera obró a sus espaldas intentando reducir ese poder, esa libertad, esa fuerza, pero que por el contrario la popularidad y la fuerza del rebelde creció aún más. Dicen que la prisionera se volvió loca debido a las injurias y las mentiras que su segunda al mando le metió en la cabeza, y que después de años descubrió la debilidad del rebelde.
                -¿Su debilidad? –preguntó el soldado asustado.
                -Los propios miembros del gremio. Tal era la devoción, el amor y el orgullo que el rebelde sentía por ellos que ese sentimiento se convirtió en su fuente de poder y su debilidad al mismo tiempo. Dicen que la anciana traicionando definidamente a su asociado atacó al gremio incluso con tropas de nuestras filas, dicen que tan grande fue el ataque que todos los reinos del continente no tuvieron el valor ni de hablar.
                -¿Es posible un golpe de semejante calibre?
                -Se dice que logro arrasar toda la ciudad, el castillo de su familia, el gremio, todo… no quedo más que cenizas.
                -¡¡SILENCIO HE DICHO SOLDADOS!! –Volvió a gritar el capitán.
                -De tal magnitud fue el ataque, -continuó el soldado tras un pequeño silencio- que se rumorea que el propio caballero negro, nuestro comandante, fue a ver en persona lo sucedido.
                -¿El comandante? ¿Pero no era enemigo del tal rebelde?
                -Cierto es… ¿y a que no sabes que encontró? –al ver la negativa del joven soldado, bajó la voz por temor  a ser reprendidos por su capitán y continuó- dicen que entre las cenizas le encontró a él… de pie y solo, con el rostro frío como un tempano. Dicen que el antiguo capitán pirata, como maestro del gremio mandó y logró evacuar a tiempo a todo el gremio dispersando las tropas por todo el continente. Se dice que nuestro comandante le pidió perdón…
                -¿¡¿Qué le pidió perdón?!?
                -¡¡NO LO REPETIRÉ MÁS VECES!! –Chillo el capitán de la marcha.
                -Sí, -dijo su compañero nervioso- y que le instó para que huyera de allí, pues el gran ejército se acercaba para matarle. Dicen que cuando el comandante dejo aquellas tierras sin conseguir disuadirle, la prisionera llego de nuevo con todo su ejército y le mató.
                -¿Le mató…? –preguntó el joven sorprendido entre susurros.
                -Si… o eso creía ella. Se rumorea que parte de sus discípulos volvieron y encontraron su cuerpo medio muerto en una colina cercana. Muchos dicen que no llegó a sobrevivir a sus heridas, otros sin embargo mantienen que desapareció del mapa. Al enterarse del ataque y de su muerte todos sus apoyos por todo el reino se alzaron en armas contra nosotros y disolvieron todos nuestros cuarteles en sus ciudades en cuestión de días. En cuanto a el rebelde, los que aún creen que está vivo, mantienen que durante meses se dedicó a entrenar y que tras una larga búsqueda, un emisario de la rebelión de los dragones celestiales lo encontró.
                -Un dragón celestial… eso no son más que cuentos.
                -Eso díselo las tropas de aquí del norte que perdieron todo el terreno frente a ellos. Dicen que el rebelde, llegó a dominar la senda del dragón y que poco después fue coronado caballero  en la propia rebelión junto al resto de dragones. Se dice… que sus conquistas para el ejército rebelde de los dragones fueron tan grandes, que pronto llegó a las puertas de este castillo.
                -No puede ser…
                -Si… se dice que llegó solo, como un fantasma en la noche clamando venganza. Él solo consiguió enfrentarse a las tropas de la anciana y penetró en el castillo con la mayor fuerza que el hombre pudiera tener jamás. Se dice que venció a la prisionera y todo su ejército sin dificultad. Tal fue la potencia de sus ataques contra la anciana que vació todo su poder…
                -¿Él solo entró aquí? –dijo el joven soldado riendo por lo bajo- Nosotros hemos tardado un año en arrestarla… no pueden ser más que cuentos.
                -Piensa lo que quieras pero esas marcas de las paredes no son normales. He oído decir a los soldados que interceptamos mientras huían, que al ver nuestros barcos en el horizonte, desapareció y que no se supo nada más de él ni de los dragones.
                -Piensa que nosotros hemos tardado un año en llegar hasta aquí. Un solo hombre no puede enfrentarse a un ejército.
                -No… piensa tú. Supuestamente veníamos en misión de reconocimiento, pero en cuestión de segundos las órdenes fueron capturar a la prisionera. Tardamos un año es cierto, pero la resistencia y los ataques que tuvimos que hacer frente no procedían del castillo ni tenían  su bandera… solo eran aliados de la prisionera. Cuando llegamos aquí pensábamos que tardaríamos meses en tomarlo, pero nos encontramos un castillo completamente en ruinas y a la anciana rindiéndose sin oponer resistencia. Incluso el caballero negro ha venido personalmente para presenciar su puesta en cautividad…
                -El comandante… ¿está aquí?
                -Oí al capitán hace unas semanas que la guardia real estaba a dos días de nosotros.
                -¡¡ATENTOS, Y SALUDEN EN CUANTO SALGAN POR ESA PUERTA SOLDADOS!! –Chilló el capitán de la marcha con cierto nerviosismo en su voz.
El sol cegó su campo de visión, las trompetas resonaron rompiendo el silencio del lugar. Frente a ellos las tropas de élite formaban un pasillo frente a la guardia real. Al fondo junto al carro de los prisioneros, el caballero negro aguardaba con evidente nerviosismo sobre su caballo.
La prisionera no mostró resistencia ni arrepentimiento alguno mientras caminaba hacia los barrotes que le llevarían a un exilio mucho peor que cualquier jaula. Este era el final de una etapa, de una era marcada por la corrupción y la injusticia, una época en la que el mundo fue capaz de perder a aquel guardián que dio todo por la libertad de los hombres.
                -¡¡Capitán enemigo a las cuatro!! –exclamó uno de los soldados.
Todos los asistentes desenfundaron sus espadas o tensaron sus arcos hacía esa dirección. El joven soldado no pudo evitar un grito al verle allí, sentado sobre la rama del árbol más alto del bosque.
Aun a pesar de su capucha blanca, el caballero negro notó como sus ojos verdes hacían contacto con los suyos.
                -Bajar las armas… -dijo él colocándose su oscuro yelmo- nos vamos.
Su barco fue el último en soltar amarras. Él joven soldado miró de nuevo hacia el castillo en ruinas y allí le vio de nuevo. Con su armadura de viaje blanca, observándoles bajo su capucha blanca una última vez  más antes de desaparecer con el viento.
Su compañero se apoyó en la vaya de proa junto a él y le miró con curiosidad.
                -¿Y qué pasará ahora? –Preguntó él joven soldado mirándole- Todo ha acabado…
                -Pues que se irá. Aunque tengo la impresión que tarde o temprano sabremos algo de él… o más bien de sus antiguos discípulos.
                -¿Y qué pasará si el mundo vuelve a estar en peligro?
                -Que volverá…
                -¿Por qué?
Su compañero sonrió.
                -Porque el mundo le necesitará…

¿FIN?