Cierra los ojos e imagina... ¿Qué es lo que te hace ser tú? ¿Cuál es el mundo que tu corazón persigue? Si eres capaz de saberlo, bienvenido/a a mi mundo...
La brisa de un helado viento recorrió la verde pradera de
izquierda a derecha. La fría nieve no iba a tardar en llegar. El sonido de los
niños jugando en el cercano parque le sacó una sonrisa, un remanso de paz y al
igual que su maestro él era su guardián y acudía a él en busca de paz y
sabiduría siempre que sus asuntos se lo permitían. Caminó durante largos
minutos resolviendo conflictos menores, peleíllas de dos pequeños, algo de
basura en el suelo y la sobre energía de un gracioso perro. Si de algo se
alegraba es de que sus batallas nunca hubieran afectado a aquel lugar. Pocos conocían
de su relación a él, y el reducido grupo de personas que conocían su existencia
o vivían allí, lo respetaban y cuidaban pues bien se sabía que estaba bajo su
protección.
-Veo
que has mantenido este lugar en paz cachorro…
-Sabía
que en una fecha como esta volverías… -respondió
sonriendo y girándose hacia el anciano.
-Y yo
sabía que en una fecha como esta no podrías evitar volver por aquí.
-A
veces es necesario recordar y enfrentarse al pasado uno mismo para poder
avanzar hacia el futuro… ¿recuerdas quién me enseñó eso? El momento decisivo se
acerca, la última prueba decidirá de una vez por todas si soy el maestro que el
mundo necesita.
-Llevas
un largo rato caminando… ¿sabes que vas a hacer?
-No…
-respondió el dragón con un suspiro
desplomándose sobre el suelo- pero iré y afrontaré lo que tenga que afrontar,
miraré a los ojos de aquellos que me probarán y con toda mi fuerza les
intentaré demostrar mi sueño y mi objetivo. Les enseñaré la posibilidad de
crear un mundo sin guerras, sin injusticias… un lugar dónde las personas vivan
el ahora, sin países, sin ninguna causa por la que morir, un mundo donde todos
seamos uno, dónde todo sea de todos y dónde vivir la vida en paz. Si consigo
eso… puedes llamarme soñador, pero todos los
sacrificios y esfuerzo habrán valido la pena.
Al no oír su respuesta se giró, se había ido... y soltando una sonora carcajada, el dragón crujió los nudillos y llamando al viento desapareció sin percatarse de que ese mismo elemento transportaba un pequeño mensaje de papel:
“No todos los héroes llevan capa y espada. Recuerda que un pirata nunca
da explicaciones, un pirata no tiene miedo, un pirata es libre, un pirata
protege a su tripulación, un pirata siempre lucha hasta el final... puede que
este mundo necesite más piratas. A por ellos cachorro…”
El intenso sonido de las sirenas rompió con el sonido de sus
elegantes zapatos al caminar por la húmeda acera del oscuro parque. En cada
hogar, en cada rincón a su alrededor todo era perfecto. Luces, comida, brindis
y la tranquilidad de estar todos juntos, ¿acaso no es el objetivo de estas
fechas? Si… estar con la gente que amas.
-¿Ya te
retiras?
-Te lo
dije sigue siendo un cachorro –sus voces fueron como un chorro de vida.
-Me
temo que si… me temo que mi cuerpo ha decidido no darme cuartel esta noche -respondió
él girándose para mirarles- será que ya no soy tan fuerte como antes.
-A ver
si lo he entendido… -repuso el más anciano levantando su bastón amenazante- tú,
el maestro, uno de los pocos que conoce el verdadero significado de las
palabras “Familia y Unidad” se ha convertido en un finolis debilucho.
-No
seas tan duro, –le interrumpió la mujer cariñosamente- un dragón lleva una
carga muy pesada, o acaso ¿tú nunca dudaste?
-¡¡Eso
nunca lo sabremos!!- exclamó el hombre mirando a la anciana con enfado- La cuestión
es… ¿desde cuando alguien de su posición olvida el deber para consigo mismo?
Míralo sin su armadura, con esa barba y se ha vuelto más lento que una mula
coja.
-Para
entrenar al cuerpo es necesario tener una mente limpia… ¿no es eso lo que
siempre le habías enseñado? El muchacho ha crecido a un nivel psicológico
impresionante y mantiene sus valores… nuestros valores intactos.
-¡¡Es
un manojo de nervios!! –Interrumpió el anciano- ¡Cachorro no olvides nunca cual
es la razón de tu lucha! ¿¡Pero de que te ríes!? –exclamó al ver su sonrisa.
-No me
rio maestro, solo me preguntaba… ¿cómo lo hacíais? Es decir, esto es un
desastre. Atentados a nivel internacional, corrupción en cada recoveco de
nuestra sociedad, la familia, vuestra familia… cada uno de los siete generales
ha tomado rumbos diferentes, cada día el dinero y el miedo se alzan por encima
de los principios y las personas actúan para saciar sus necesidades sin mirar a
quien tiene a su lado. Puedo ser un dragón, pero no soy un dios, en qué momento
incluso tu propia preparación y dedicación queda por debajo de aquellos que han
nacido con más que tú y que no han tenido que luchar tanto como el resto. ¿Cómo
hacer que la sociedad comprenda que el egoísmo y la división suponen el inicio
del fin? He aprendido todo lo posible de vosotros y sin embargo no logro
entender ¿Qué se supone que vosotros hicisteis para que el mundo entero os
amara y respetara con tanta intensidad? ¿Acaso he hecho algo mal? ¿Debo cambiar
algo?
-Aun no
te enteras cachorro –respondió su viejo maestro con un suspiro de cariño.
-Nuestra
responsabilidad no estaba en salvar a todo el mundo –comenzó la anciana
mirándole con ternura-. Eso es algo que cada uno debe decidir hacer por sí
mismo. Puede que cosas graves pasen en el mundo, que la esperanza se pueda
comenzar a perder, que tengas que soportar y sufrir ciertas cosas, que los
principios sean algo “Pasado de moda” pero tú debes actuar como hasta ahora,
como tu corazón te dice que hagas. Da igual quien se oponga, quien te intente
parar, si crees firmemente que estás haciendo lo correcto, siéntete orgulloso
de ello, pues eso es lo que te hará marcar la diferencia.
-Ante
ti, se abre una era que nosotros nunca veremos cachorro, no podemos contestar a
tus preguntas, pero si estar junto a ti durante el resto de tu vida.
Una fuerte punzada de dolor en su cabeza le hizo cerrar los
ojos y detenerse. Al levantar su mirada, habían desaparecido y solo un pequeño
gato callejero corría por la oscura y húmeda calle. “¿Qué se supone que ha sido
eso?” Pensó mirando al negro cielo y llevándose la mano a la boca mientras
sorprendido observaba cómo dos estrellas de su constelación brillaban con
intensidad en el cielo aquella gélida noche. El inicio de una nueva era…
posiblemente dura, probablemente llena de oportunidades, decisiones y nuevas experiencias. “Si…”
pensaba mientras con su mano lanzaba al cielo una bola de fuego azulado. El
dragón debe alzar el vuelo.
El sonido de las olas al romper en la arena era lo único
vivo en aquella playa. Una isla cambiante… allí es dónde le habían llevado sus
pasos, un lugar desierto, sin habitantes. Solo ellos cinco y sus más allegados,
un puerto y la basta naturaleza, y aun así el lugar era tan grande que podían
tardar días e incluso semanas en encontrarse.
-¿No
entiendes porque hemos venido aquí? –su voz le hizo sonreír.
-Ya
decía yo que había mucho silencio…
-Hombre…
-respondió el dragón una sonrisa burlona- un mago del fuego pensativo… eso es
menos común que una vaca carnívora. ¿Qué te preocupa?
-No
entiendo tus movimientos… durante años luchamos juntos en una guerra sin fin.
Había momentos en los que incluso con todo en nuestra contra fuiste capaz de cargar
con una responsabilidad que no te pertenecía y plantar cara y salir victorioso,
cada día luchando adquirías más y más poder y jamás dudaste en utilizarlo en el
bien común. Juntos creamos un gremio que venció al gobierno central. Tras eso
adquieres el poder del dragón y cuatro meses de batallas después, cuando
recuperas todo el terreno perdido decides desaparecer de la lucha y llamarnos a
los cuatro aquí. Cuando te vi arrancar el sello de los cuatro pensé que no ibas
a volver a levantarte y sin embargo, lo hiciste y ordenando crear un poblado a
cada uno en cada extremo de la isla, desapareciste en lo más hondo del bosque…
¿Para qué estamos aquí? ¿Qué buscas en ese bosque?
El sonido de los cañonazos le impidió contestar. Dos
explosiones cayeron en el agua, no dudo ni un segundo y con su llameante puño
destrozó una peligrosa tercera bala.
-¡¡Capitán
nos atacan!! –Gritó uno de los marineros desde puerto- ¡Es el gobierno central!
No lo dudo ni un segundo y llamando al fénix alzó el vuelo
en dirección al mar. Una vez encima del primer barco, de vuelta en su forma
humana descendió en picado y concentrando su poder en la pierna derecha golpeó
el suelo de cubierta. Tras una ardiente ola de viento, un cañón tras
otro comenzó a estallar y mientras el barco quebraba por la mitad una columna
de fuego ascendía por el mástil reduciendo a cenizas cualquier centímetro de
tela. Tras un fuerte salto, lanzó una de sus bolas de fuego contra el siguiente
barco y cayendo sobre un tercero concentró todo su poder. Desde el agua un
gran muro de flamas surgió cubriendo todo el barco. Ya eran suyos… pensó
mientras con otra bola de llamas lanzaba por los aires a los pocos marineros osados
que quedaban a bordo.
…
Cuando sus manos tocaron de nuevo la arena,
desplomó su empapado cuerpo boca arriba en la playa y respiró hondo. Ese último muro de llamas había agotado su
energía completamente. Una brisa de viento helado le hizo sentir un escalofrío
por toda la espalda y girándose de forma repentina la vio. Una hermosa y brillante
armadura plateada y roja con alas doradas, con la majestuosa forma de un ave
en cuyo pico había un papiro.
Acercando su mano comprobó que el propio metal irradiaba
calor, era como si la propia armadura tuviera vida. Como si ella misma le
llamara, cómo una conexión… era algo extraño de explicar. Lentamente abrió el
papiro y leyó reconociendo al instante su letra:
Dicen que cuando el
mundo fue al fin mundo. Sus habitantes poseían extrañas habilidades en función
de su lugar de nacimiento. Crear medicinas y curas que podían burlar a la misma muerte, controlar
el crecimiento de las plantas y el comportamiento de los animales, manipular el
tiempo e incluso utilizar el calor y la luz del sol para sobrevivir. Dicen las
malas lenguas que existían cuatro grandes ciudades, una dedicada al agua en las
tierras heladas del Norte, otra al fuego en las volcánicas y duras tierras del Sur,
una al Oeste en honor a las fértiles tierras y una última en el misterioso Este
a dónde nadie podía navegar debido a los intensos vientos.
Durante millones años
las cuatro ciudades convivieron en paz y armonía, y con los años las
habilidades de sus habitantes dejaron de ser necesarias. Décadas después la
naturaleza obligó a los humanos a trasladarse y comenzar a formar el mundo tal y como
lo conocemos hoy. Con el tiempo ese mensaje de paz y armonía se convirtio
en palabras vacías, en lemas… y esos pueblos en cuyo origen encontramos el amor
y la bondad quedaron consumidos en una pura leyenda.
¿Por qué estamos aquí?
Porque nosotros somos las leyendas de nuestra propia historia, porque hemos
comprobado que somos capaces de lograr imposibles, porque sabemos que nada es
verdad, que todo está permitido, qué solo nosotros podemos ser los responsables
de nuestra propia civilización. Estamos aquí porque sabemos que solos somos grandes, pero
juntos… imparables.
Por eso, a ti, el
protector... el guardián del fuego, te hago entrega del símbolo de tu poder.
Aquel al que nadie puede derrotar, aquel que se levanta de sus cenizas aún más
fuerte, aquel al que considero mi escudo y mi espada, mi grito en la batalla.
Aquel del que estoy seguro utilizará su poder para proteger lo que más ama aunque ello suponga agotar toda sus fuerzas.
A Edu por sus 26 añazos, para que nunca deje de ser ese
que me saca de quicio y me otorga la fuerza y la ilusión para luchar por un
mundo mejor.
El sonido de sus pisadas contra la suave hierba, hicieron
que las peludas orejas del lobo se levantaran con atención. Su olfato natural
distinguió su olor. El dulce aroma de las páginas de un libro nuevo, del viento
en una noche estrellada, la fragancia del rey de los espíritus celestiales, no
había duda alguna… era ella.
-Vaya
así que estabas aquí… chucho escurridizo –su voz fue la respuesta que
necesitaba.
-Me has
encontrado… -dijo el joven de nuevo en su forma humana.
-Siempre
lo hago… -respondió ella con una sonrisa.
-Sí,
-reconoció él sonriendo- da igual cuán lejos esté, siempre eres capaz
de estar a mi lado.
-¿Ahora
me vas a decir porque he tenido que recorrerme todo este bosque hasta donde ya
ni el sol pasa entre las copas de los árboles?
-Acompáñame…
-dijo él tras un segundos tornando en un pequeño y anaranjado zorro.
El sonido de su voz hizo que la joven abriera los ojos con sorpresa.
Algo no iba bien…
Caminaron durante horas. Él delante, correteaba con sigilo y
elegancia, ella, lo seguía con cautela. Atravesaron ríos y cuevas, dejaron
atrás pueblos abandonados y destruidos, incluso pasaron bajo construcciones tan
antiguas como la humanidad misma.
-Cuidado
ahora… -le dijo el joven dragón de nuevo humano.
Lentamente su cuerpo desapareció bajo las raíces de un gran
árbol. Ella lo siguió y lentamente bajo el cobijo de la oscuridad quedó sola.
Durante unos minutos continuó el pasadizo hasta que el sol le deslumbró.
Poco a poco sus ojos pudieron vislumbrar el maravilloso
lugar. El sol atravesaba las copas de los árboles con una tenue luz blanca, las anaranjadas hojas de los árboles caían
lentamente produciendo una suave y húmeda alfombra. En el centro se alzaba una
hermosa fuente de piedra blanca.
Ella, dubitativa se
acercó, y viendo su reflejo en el agua respiró aliviada. Su yo del reflejo le
sonrió y lentamente se evaporó. A su alrededor el tiempo se detuvo, el viento
dejó de soplar, las hojas de los árboles dejaron de caer y el sonido de los
pájaros al cantar se detuvo.
-Veo
que estás más bella que nunca –su corazón comenzó a latir más deprisa. Él, el
más majestuoso y fuerte de los espíritus, estaba allí.
-Creía
que no volvería a verte…
-Sí, es
cierto, así era el trato… ¿verdad? –dijo el león- la vida del joven y a cambio
ser mi guardián en la tierra, y no volver a vernos jamás… pero tu amigo el
dragón siempre ha sabido encontrar la forma de tergiversar las reglas.
-¿Ha
sido… él?
-Encontró
el portal y nos llamó a todos, uno a uno. El dragón es una de las
constelaciones de la balanza, así que no dudo ni un segundo en meterse aquí y amenazar
con no comer ni dormir hasta que apareciéramos.
-Estúpido
insensato… -dijo ella poniendo los ojos en blanco.
-Insensato…
si, pero leal a fin de cuentas. Él nos contó cómo le salvaste la vida en otras cuantas
ocasiones, cómo aun a pesar de todas las dificultades siempre has estado ahí
para sanarle las heridas y ayudarle a levantarse y por supuesto, cómo enseñaste
y educaste a esos jóvenes a ser personas libres. Me ha contado cómo durante
años guardaste su congelado corazón junto con otros tres guardianes y cómo aun logrando
volver a hacerlo latir, lograste cumplir parte de su sueño más preciado. Ese
idiota ha chillado a todo el universo cómo aun a día de hoy tú con los miedos
propios de todo humano eres capaz de cagar con los problemas de los demás y ayudarles
a seguir adelante. No hay duda alguna sobre tu fortaleza joven guerrera, has
explorado nuevos mundos y has logrado convertirte en maestra de la verdad,
tienes el poder de dar sentido a aquellas angustias del mundo. Por eso antes de
que tu capitán se le ocurra volver a osar perturbarnos, te lego el poder del dragón. Un poder para los humildes y los bondadosos de corazón, para aquellos cuyo sentido de
la libertad se fusiona con un incansable amor a la vida y la verdad, para los
que no miran para atrás sino es para sonreír y enorgullecerse del camino
recorrido, ahora eres un símbolo de esperanza,
lealtad y justicia. Serás aquella que podrá volar por caminos nuevos, por
tierras de leyenda donde se te conocerá y recordará por ser quién un día hizo
del mundo un lugar mucho mejor. Toda estrella será tú guía y toda constelación
tu aliada. Sigue tendiendo mi mano sobre el necesitado y mi garra contra la
corrupción y la crueldad, demuestra lo que vales…
Como si como de un sueño se tratase, sus ojos se abrieron al
instante. Era de noche y las estrellas se podían entrever a través de las copas
de los árboles. Lentamente se incorporó y mirando a su joven amigo sentado a su
lado sonrió.
-Eres
un tonto…
-Vayamos
a buscar tu nueva armadura, -dijo él besándole la mejilla- esta noche otro
nuevo dragón ha llegado.
A mi amiga Ainara por sus 23 añazos, para que siga siendo ese ejemplo de lealtad y cariño que tanto admiro y quiero. Feliz Cumpleaños.
La brusca fuerza del viento invernal le devolvió de la lejana
tierra de sus pensamientos. Las olas golpeaban de forma brusca contra la lisa
piedra del paseo. Lentamente continuó su marcha por aquella conocida ciudad.
Habían pasado muchas cosas desde su última visita… si, había algo en esa ciudad
que había cambiado.
El ruinoso castillo se alzaba frente a él en silencio,
congelado por la llegada del invierno. Aun recorriéndolo lentamente pudo
detectar la marca de sus garras en las paredes, el lugar dónde al fin conoció
el verdadero fuego, el pequeño patio dónde había perfeccionado sus habilidades
y su técnica, el rincón dónde uno de esos famosos nuevos capitanes había
tropezado siendo solo un chiquillo, sonrió, el escondrijo dónde había sentido
la oscuridad por primera vez en mucho tiempo… aquel era un lugar que había alimentado
los sueños de muchos y enseñado a otros tantos. Un remanso que podría haber sido usado para el bien pero que el tiempo
y la guerra acabó por corromper.
-Aun
tienes valor para volver… -el sonido de su voz le trajo alegría y tristeza al
mismo tiempo.
-No
esperaba encontrarte aquí desde luego –respondió mientras sus ojos verdes
miraban a la joven.
-¿No?
–Le dijo lanzando un sucio periódico lleno de manchas a sus pies -¿sobre todo
después del titular? “Los guardianes bajo
capuchas blancas han vuelto” Al principio pensaban que eras tú, pero luego
se dieron cuenta que sus habilidades no eran iguales que las tuyas… han
conseguido anular a todo un ejército en unas pocas horas, han arremetido contra
los comandantes y se han expuesto frente un oficial quien se ha encargado de
poner en alerta a todos los altos mandos.
-No sé
a dónde quieres llegar a parar.
-Ellos
son tu tripulación, tu “gremio” –respondió ella con desprecio- ¡¡Contrólalos!!
El joven dragón se acercó a la pared y deslizó sus dedos
suavemente entre las garras grabadas en la piedra.
-Este
lugar me trae recuerdos. Unos muy buenos, otros tan tristes que arrancarían el
corazón de cualquier hombre. Recuerdo aquellos días dónde se me criticó, se me
persiguió y se me intento coaccionar en lo que mejor que sé hacer, educar.
Recuerdo cada palabra: “Sigue enseñando
tonterías, el futuro te devolverá a tu sitio”, “Esos jóvenes no llegarán a ser quienes tú quieres”, “¿Qué es ese símbolo que todos portáis?
¿Acaso crees que armarlos caballeros supondrá algún cambio para ellos?”… Después
vino la última guerra y el primer objetivo fuimos nosotros. No solo
arremetisteis contra mí sino que también contra todo lo que había conseguido y
amaba. No soportabais la idea de dejar que nuestros aprendices pudieran
aprender a través de su propia experiencia y reflexión, no queríais que vieran
el mundo tal y cómo era en todas sus facetas, sino que pretendíais implantar
una proyección propia desprovista de toda contradicción o debate. Aún hoy no
sois capaces de entender cómo aun con vuestras ataduras, ellos fueran capaces
de burlaros y encontraran en mi humilde gremio, un lugar en el que no se les
juzgaba o castigaba por pensar o defender los ideales que ellos mismos forjaban
a través del autoaprendizaje y reflexión. Aún a día de hoy no sois capaces de ver
la oportunidad que desaprovechasteis. Teníais un lugar dónde personas
completamente opuestas eran capaces de convivir con respeto y admiración, dónde
soñar y cooperar por un mundo más justo y más humano se llevaba por una vez a
cabo, dónde el crecimiento de cuerpo, mente y espíritu se unían en un camino
personal, único y significativo. Pero aun así atacasteis. Quizá pensando que
huiría, que no demostraría lo que como maestro enseñaba y aun pretendo enseñar,
creyendo que dispersándonos y separándonos no habría una rebelión. Pero os
equivocasteis y sufristeis el mayor golpe que puede existir, la verdad con
hechos. Pudisteis sentir las consecuencias de herir no aún hombre, sino a una
familia. ¿Dices que son mi tripulación? No… ya no. Afortunadamente ellos son
capaces de viajar dónde quieran y con quien quieran, ¿dices que son mi gremio?
Si… lo son, pero tú no entiendes el significado de esa palabra. Ellos son
personas libres, responsables de sus actos, luchadores, personas de corazón
noble, personas capaces de hacer lo correcto pase lo que pase aunque ello
suponga correr riesgos o penalidades, ellos son lo que tu orden y tú jamás
lograreis ser.
-Hablas
de educación cuando ni siquiera diste la cara cuando desapareciste. Eso es lo
que tú enseñas…
-Si vas
a acusarme de algo… –le interrumpió el dragón con elegancia- por favor que sea
por algo cierto, no meros rumores o tergiversaciones de la realidad. Si se me
ha de acusar de algo acúsame de algo que no sea consecuencia de los actos de
otros, y si tras conocer los hechos verdaderos yo considero que he obrado de
forma errónea seré el primero en tratar de enmendar el error. Pero no esperes obtener
frutos de un árbol quemado, de las ruinas un gremio… de una familia destrozada,
del dolor causado por aquellos a los que sigues y apoyas. Que no te haya
atacado no significa que no haya heridas que jamás sanen.
-Será
pues que tú eres quien no has puesto de tu parte para evitarlo.
-Una
auténtica persona…-respondió apretando
con furia su mano sobre el mango de su espada- es aquella que siempre intenta
hacer lo correcto y lucha para que quienes ama no sufran.
-¡¡Y lo
dices tú que ni siquiera dudas un segundo en golpear cuando luchas!!
-Puede que
yo tenga claro porqué y quién lucho… ¿puedes decir tú lo mismo?
-Mírate…
-le espetó ella con asco sin percatarse del negro cielo que ahora les cubría-
con tu mano en el mango de tu espada. ¿Acaso te crees mejor? –El viento comenzó
a agitarse de forma brusca y en las montañas podían oírse los intensos golpes
de los truenos-¿Alguien especial? Vamos… contesta.
-¡¡BASTA!!
–una estruendosa explosión destrozo la última pared del castillo.
La voz de una de los jóvenes capitanes le hizo sonreír. Las
nubes se disiparon y el viento volvió a convertirse en ligeras brisas. Allí
estaban cuatro de ellos, bajo sus capuchas blancas. Cuerpo a cuerpo, armas de
fuego, magia, esgrima… cada uno tenía habilidades diferentes, y no por ello
ninguno era más fuerte que cualquier otro.
-Date
media vuelta –le dijo la más delgada mirándole a los ojos- ésta ya no es tu
lucha maestro…
El joven dragón los miró fijamente y sin mediar palabra,
llamó al viento y su cuerpo desapareció.
-¡¡Lo
ves!! Escapas como un cobarde. Incluso tus aprendices me protegen a mí.
-No te
estamos protegiendo a ti… imbécil –exclamó uno de los cuatro apuntándola con
una pistola.
-Si se
ha ido no es por cobardía, -continuó la otra joven, desenvainando sus tres
espadas- sino porque no mereces que él siquiera se moleste en luchar contra ti.
Le protegemos a él, para que no pierda ni un ápice de energía y honor con gente
de vuestra calaña.
-Sin
embargo, -dijo el mago- deja que estos cuatro capitanes te digan una sola cosa
a ti y a tu gente.
-Cómo
vuelvas intentar siquiera herirle –dijo la última capitana resquebrajando la
pared con un puñetazo- haremos que no quede más que cenizas de cuanto os rodea.
Y sin decir nada más desaparecieron bajo el humo de una de
sus bombas. Y allí viendo caer las piedras de la última pared de aquellas
ruinas, la joven que una vez pudo haber tenido el corazón del joven dragón se
dio cuenta de que aun a pesar de todo, él había cumplido su promesa de crear un
legado libre. Un legado contra el que ningún ejército podrá siquiera medirse,
un legado que luchará por ese estúpido sueño de paz.