Cierra los ojos e imagina... ¿Qué es lo que te hace ser tú? ¿Cuál es el mundo que tu corazón persigue? Si eres capaz de saberlo, bienvenido/a a mi mundo...
El intenso sonido de los grillos seguido de una de las
últimas ráfagas de viento invernales le devolvió de entre sus pensamientos. Aun
a pesar de su pesada armadura teñida de sangre, sus heridas abiertas y sus
golpeados músculos, su mirada no se había apagado y su cuerpo no se había
movido ni un centímetro durante horas.
-¿Ha
sido duro esta vez verdad? -la voz de la líder rebelde le hizo girarse
lentamente.
-Si…
-al ver la tristeza en sus verdes ojos la comandante se estremeció- he de
reconocer que han sido duros de pelar, pero ingenuos al creer que podrían
llegar a superar la destreza de un dragón. Se han llevado una valiosa lección
de vuelta a su hogar, espero que lleguen a ser tan buenas personas como el
resto, tengo gran esperanza en ellos.
-¿Entonces
que haces aquí joven dragón, no deberías estar celebrando tu pequeño ascenso…?
-Pensar…
-¿En tu
fiel compañera? No te preocupes tiene mucha más destreza que muchos drag…
-No –le
interrumpió él-. Si de hay algo de lo que estoy seguro es de que habéis podido
comprobar por vosotros mismos todo lo que ella vale. No me preocupo por ella,
pues tiene mucha más fuerza y pasión de lo que todos nosotros tendremos en
años. Es otra cosa… cómo si hubiera llegado a un punto de no retorno. Sé exactamente
lo que quiero y cómo lo quiero pero… una vez más la vida me pone obstáculos
para conseguirlo, tengo… miedo.
-¿Miedo?
-Si… miedo
a volver a perder ese calor dentro del pecho que tanto me ha costado recuperar,
miedo a volver a forzar mis límites tanto que sea por última vez. Me entristece
que nunca nada haya sido fácil, que ni si quiera por un instante algo hubiera
salido según lo planeado… me angustia haber vuelto a hacerme ilusiones. Mi
fuerza esta al máximo, mi futuro es prometedor pero ¿por qué me siento un
estúpido solo por esto? ¿Por qué siento que mi forma de ver la vida y actuar no
concuerda con el tiempo en el que vivo y a la vez sí? ¿Por qué me da la
sensación de que soy yo el que siempre está apostando y perdiendo? Quiero que
el juego se acabe, quiero levantarme de la mesa pero quiero hacerlo llevándome lo
que me corresponde justamente, ni una cosa más ni menos…
-Ve…
-le interrumpió la joven comandante apoyando la mano en su hombro- ve a tu
hogar, descansa y vuelve en un par de días a esta, la que siempre será tu casa.
Y mientras ambos dragones alzaban el vuelo hacia su merecido descanso, una sombra, una joven ente de los bosques, alguien a quien el joven dragón había vencido sacrificando su propio corazón, observaba bajo los árboles cómo sus figuras desaparecían bajo la luz de la luna.
El intenso sonido de los grillos cantando a la luna calló al
instante. Con la oscuridad como mantra, cada uno de ellos avanzaba rápido sin
romper el intenso silencio, para ellos no había final, no había límites que les
detuvieran. Eran hábiles sin duda pero no lo suficiente como para fundirse en
uno con la naturaleza, como para engañarle a él…
-Aquí
–dijo uno de ellos- estamos lo suficiente alejados.
-¿Estás
seguro? –replicó el más joven.
-Confía
en mí, aquí no nos verán tomarlo…
-Además
todo el castillo está dormido –añadió otro de los cinco jóvenes mientras sus
compañeros le apoyaban.
-Quizá
vuestros compañeros lo estén… -dijo el dragón desde las sombras- pero no
aquellos a quienes debéis mostrar respeto.
Dignos de sus habilidades los cinco aprendices comenzaron la
replegada en tres direcciones. El dragón silbó y el sonido del águila respondió
a su mensaje, sus compañeros estaban en posición. Caminando, comenzó a avanzar por
la dirección de aquel que huía en solitario.
El joven corría y saltaba de rama en rama y de árbol en
árbol, él solo caminaba. Oía su respiración, notaba las gotas de sudor frío
deslizándose por su cara, sentía los acelerados latidos de su corazón, cómo
había dicho antes, puede que su destreza física fuera sobresaliente pero aún
debían aprender que era la paciencia, la voluntad, la astucia, la sabiduría…
Lentamente se apoyó en un árbol, respiró y contó. Uno… dos…
¡TRES! Pensó para sí mientras extendía su brazo deteniendo al joven y
haciéndole caer al suelo bruscamente. Sin dudarlo, el muchacho se incorporó y
le atacó. Cómo si de una calmada danza se tratara el dragón esquivó la primera
y segunda estocada golpeando la libre espalda del aprendiz con la garra del
oso. Tras recibir el seco impacto el joven con furia lanzo su ataque de nuevo,
pero él ya lo había visto venir esquivándolo mientras le propinaba una suave
torta en la cara. El muchacho se tambaleó confuso y volvió a atacar aún con más
furia. El dragón le tenía dónde lo quería, no lo había herido, lo único que su
oponente tenía dañado era el orgullo y eso aun siendo tan joven le hacía menos
prudente todavía.
Tras esquivar unos pocos ataques más, con la garra del
dragón detuvo bruscamente su mano haciéndole soltar la espada y con un sordo
golpe de viento le hizo aterrizar dos metros más allá en el suelo.
-¡¡Está
bien!! –Exclamó el joven- Ya paro, ya paro…
-¿Sabes
por qué te has enfrentado a mí?
-Tú no
sabes nada… -contestó él mirando hacia atrás.
-Tus
compañeros no vendrán… los otros dragones no tardaron ni un minuto en
atraparlos.
-Pero…
¿Cómo?
-Mírame
a los ojos… -repuso el dragón buscando con sus ojos verdes su mirada - ¿Acaso
te crees que sois los primeros aprendices que han intentado hacer lo que
vosotros, que no han tenido las mismas dudas y miedos, que incluso han
pretendido superarnos?
-No…
-respondió el joven mirándolo avergonzado- tienes que entenderlo, tengo muchos
problemas que no puedo…
-Cuando
yo tenía tu edad, -le interrumpió el dragón con tono severo y melancólico al
mismo tiempo- tuve que hacerme cargo de toda una tripulación en medio de una
guerra que yo no había empezado. Ni siquiera había terminado mi adiestramiento
y ya estaba al frente de toda una ciudad, mientras aquella que me dio la vida
libraba una de las batallas más fuertes y tristes de nuestra historia. Los
enemigos no entendían de compasión o medias tintas, solo avanzaban masacrando
todo aquello que junto a mis maestros habíamos tardado años en crear. Perdíamos
apoyos y recursos todos los días y mi mentor no estaba en este mundo para
aconsejarme. Tantos frentes abiertos teníamos que tuve que ver como mis
maestros se rendían y huían dejándome solo. Pero de entre las cenizas supe
resurgir aún más fuerte y lograr mucho más de lo que aquellos que me enseñaron
habrían logrado nunca, y con el tiempo logre convertirme en un dragón. Puede
que no sepa a ciencia cierta cuáles son tus problemas pero de lo que si estoy
seguro que tomar esta mierda solo puede añadirte unos cuantos más o incluso
llegar a resultados mucho peores. Así que no me digas que entienda, se valiente
y afronta tu error. Demuéstrame que estoy entrenando a un verdadero hombre y no
a un cobarde.
-En mis
aposentos encontrarás el resto, -contestó tras unos minutos el joven mirándolo
a la cara- entiendo que informes a quien tengas que informar y acepto toda
responsabilidad así que no hagan nada a mis compañeros.
-Ve a
limpiarte un poco y lárgate a descansar. Mañana será otro día.
Sin duda el muchacho no era un cobarde, no muchos a su edad
son capaces de aceptar sus errores y mostrar lágrimas de arrepentimiento con la
cabeza tan alta.
-¿Y ya
está? –la voz de su superiora le hizo girarse-¿le dejas ir?
-Si
mañana el procedimiento legal sigue adelante este muchacho deberá presentarse
ante su cuartel general de origen ante una vista y evaluación disciplinaria
dónde deberá justificarse, retractarse y disculparse públicamente. La noticia
se extenderá como la pólvora y todo su mundo será conocedor de una pequeña
metedura de pata como un grave error, la vergüenza y la decepción que hoy ha
experimentado contra mí será mucho más efectiva que todo ello. Con el proceso
se hace justicia, conmigo como maestro ese joven no solo será capaz de salir
adelante sino que habrá aprendido a cómo afrontar los obstáculos. Créeme cuando
te digo que por esta noche ha sido suficiente. Nuestra labor no es castigarlo
sino que ayudarle a encontrarse a sí mismo.
Y sin decir ni una palabra más, con un sordo golpe de viento el cuerpo del dragón desapareció, pues como muchos atrás él era el guardián del castillo, el protector del reino, el maestro y esta era su guardia.
El gran salón se alzaba iluminado por las blancas antorchas
blancas. No había guardias, ni soldados y como siempre ningún sirviente. Aquel
castillo era sencillo pero a la vez imponente, nuevo pero a la vez cargado de
viejos recuerdos, era pequeño pero a la vez grande, era difícil de explicar.
La tropa de capitanes entró lentamente hasta el centro del
gran salón, sin escuchar ni un solo ruido, solo silencio…
-Demasiado
silencio… -comentó por lo bajo una de las capitanas.
-Estoy
de acuerdo, -continuó uno de sus compañeros desenfundando una de sus pistolas-
estar atentos.
-Yo no
siento nada –dijo otro de los capitanes- de hecho creo que estamos sol…
Su comentario fue interrumpido por una fuerte patada que
esquivó por los pelos. Una de las capitanas desenfundo una de sus espadas pero
la verde sombra le golpeó con un puño haciéndola aterrizar tres metros más atrás.
Sin dudarlo, su compañero apuntó con una de sus pistolas pero otra patada le
hizo desviar su disparo distrayéndole lo suficiente para no ver como una gran
explosión azul le mandaba a él y al otro capitán directos a un choque frontal
con su compañera aun recuperándose del tremendo golpe. La capitana restante
había podido bloquear cada uno de los ataques cuerpo a cuerpo, pero no pudo
siquiera hacer frente al sordo golpe de viento que le golpeó en la cara haciéndola
caer cerca de sus amigos.
-¿Juntos?
–preguntó uno de los capitanes desenfundado un nuevo revolver.
-¡Juntos!
–exclamaron el resto al mismo tiempo.
El capitán no dudo ni un segundo en disparar. El disparo
justo en el casco le hizo retroceder confundido, su compañera se lanzó con su
bastón contra él, quién intentó desenfundar su espada pero quedando paralizado
bajo una cúpula morada del otro capitán. El bastón golpeó con fuerza su pecho
lanzándolo contra el gran trono. Antes de que pudiera levantarse de nuevo, tres
espadas le clavaron su capa al trono dejándolo atrapado.
-¿Creéis
que eso es suficiente para pararme? –les dijo una familiar voz.
-¡¡No!!
–Repuso otra nueva persona desde las sombras saltando sobre él y pegando su
daga al cuello- pero ahora si…
-Ya era
hora de que aparecieras… no podría haber invocado otra cúpula, tiene mucho
poder.
-Quítale
ese casco del dragón… -repuso la capitana del bastón.
Él nuevo capitán, retiró su casco y al ver sus ojos verdes
calló hacia atrás. La sonora carcajada engulló todo el salón.
-¡¡Hola
cachorros!! –Ahí estaba él su capitán, su maestro y mentor, su amigo… su
hermano.
-¡¡Maldito
chiflado!! –exclamó uno de ellos bajando el revólver y enfundándolo -¡¡Porque
nos has atacado!!
-Porque
es un estúpido… -respondió la voz de su otra capitana a su espalda. Al ver sus
caras sonrientes al reconocerla continuó- quería comprobar por sí mismo si lo
que dicen los rumores de vosotros era cierto, quería sentir cual era vuestro
poder… cual había sido nuestro resultado final como mentores ¿Verdad maldito
loco?
-¡¡Palabra
por palabra socia!! –Exclamó tras otra sonora carcajada- ¡¡QUE ENTRE LA COMIDA
Y LA BEBIDA, SE LA HAN GANADO!! Ah, y quitarme estas espadas que casi me
descalabráis…
El gran festín dio comienzo entre grandes risas y abrazos.
El gremio estaba volviendo a encontrarse en aquella remota isla perdida de los
asuntos del nuevo mundo. Un lugar dónde cualquiera podía decir lo que pensara
sin temor a ser juzgado y mucho menos condenando, por primera vez en años el
mentor por unos minutos pudosentir la
paz al ver a sus más queridos discípulos reunidos una vez más.
-Te
dije que vendrían… -le susurro Garra de León mirándoles.
-Se han
vuelto extremadamente fuertes, llegarán mucho más lejos de lo que nosotros habríamos
imaginado, ellos serán quien cambien el mundo de verdad…
-Lo sé…
-dijo ella besándole la mejilla- estoy muy orgullosa de ellos.
La oscuridad y el silencio se adueñaron de la sala tras la última
explosión. No había nada a su alrededor, ni el ajetreo de la ciudad, ni el
cantar de los pájaros, ni siquiera el leve sonido del viento a través de la
fría brisa del invierno, nada…
De rodillas en aquel nexo alejado de la propia existencia,
solo podía sentir el lento recorrido de su propia sangre hasta salpicar el
suelo, el intenso hedor de su propia piel quemada, la inexistente actividad de
su maltrecho brazo izquierdo, la costosa respiración de sus pulmones bajo sus
costillas rotas.
¿Y si era cierto que ese no era su destino? Se preguntaba
una y otra vez mientras poco a poco el demonio del fuego volvía a alzarse de
nuevo. Lo había intentado todo, apagarlo con el viento, golpearlo con el rayo, esquivarlo
con el poder del lobo, águila y zorro… incluso combatirlo con el propio fuego del
dragón… pero nada había dado resultado. Cada vez que lo destruía, él se alzaba aún
más grande y fuerte. No había ninguna de sus habilidades capaz de hacerle
frente.
“Un pirata no tiene miedo, un
pirata es libre, un pirata protege a su tripulación, un pirata siempre lucha
hasta el final...” eso había
aprendido de su maestro y su tripulación… sus niños hicieron temblar al mundo,
su tripulación…
El abominable ser volvía a concentrar su
fuerza para atacar. Esa era la clave… no estaba allí para probar sus
habilidades sino para mostrar los resultados de las mismas. Sin poder evitarlo
sonrió recordado el momento en el que se convirtió en un dragón. No había sido
por su poder, había sido por su tripulación, por el gremio, por su rebelión,
por su constante esfuerzo y sacrificio… sin sus cachorros, los dragones nunca habrían
sabido de su existencia. Si… “cuando
un hombre lucha por algo más, algo inquebrantable… se convierte en una leyenda”,
ellos eran su unión, ellos eran su fuerza.
Utilizando el bastón desvió el puño que se dirigía hacia él
y tras usarlo para impulsarse hacia el cielo lo dejo caer desenvainando sus dos
espadas. Con la espada izquierda desvió de nuevo el segundo puño ardiente del
gigantesco ser, y clavando la espada derecha en el brazo tomo velocidad hacia
la cabeza. Desenfundando dos de sus revólveres disparó a cada ojo y sin dudarlo
lanzó sendas armas, desenfundado dos más con las que disparó al pecho, abriendo
una pequeña brecha. Cuando sus pies tocaron el suelo, con su mente creó una
gran bola púrpura cubriendo la inmensa oscuridad y al fin el demonio calló
paralizado boca arriba.
Lentamente, la sala se iluminó, mientras sus pasos le
llevaban a la brecha que le había abierto en el pecho mostrando abiertamente su
corazón.
-¡¡¡EXCELENTE!!!
–la voz del juez calló los susurros de sus dos compañeros-Ahora acabar con
ellos… a eso habéis venido ¿no? Terminar el trabajo…
Sus ojos recorrieron la sala. No muy lejos de él su más fiel
compañera y él se miraron… habían estado en la misma sala pero ni siquiera se
lo habían dicho. Ella sin duda mostraba mejor aspecto que el suyo, simplemente
un par de rasguños… sin embargo él estaba hecho un trapo. Se sonrieron, al fin
habían llegado al final… pensaba él mientras saltaba al suelo y se abrazaban.
-¡¿¡Qué
se supone que estáis haciendo!?! –chilló el juez mientras sus respectivas
maestras se incorporaban al verles dirigirse a la puerta.
-No
vamos a golpear a nadie que no pueda ni siquiera defenderse –dijo él apoyándose
en Garra de León a causa de sus heridas- ya hemos demostrado todo lo que
debíamos demostrar… no haremos trabajos sucios, somos maestros libres, no marionetas
de un sistema que solo hace que nos ensuciemos las manos para que unos pocos
sin escrúpulos las lleven limpias. Nuestra labor es llegar al corazón no
destruirlo o corromperlo.
-¿No vais
a escuchar el veredicto? –preguntó su maestra con una sonrisa.
-No es
necesario… nuestro veredicto son aquellos a quien tenemos el honor de enseñar-respondió
su más fiel compañera antes de desaparecer junto a él con un golpe de viento.
El silencio del jurado quedo interrumpido por una carcajada
por una de las maestras. Por primera vez en muchos años aquellas paredes habían
vuelto a ver la actuación de dos auténticos maestros. Dos personas cuyo objetivo
principal era lograr crear personas capaces de pensar y actuar en libertad sin
las ataduras de una sociedad jerárquica y corrupta. Dos auténticos dragones
cuyo único fin será salvaguardar su tesoro más preciado, el corazón de sus
alumnos.