martes, 31 de octubre de 2017

El caballero del dragón (Parte 4)




El contacto de sus manos con las húmedas tejas creó un escalofrío que le recorrió toda la espalda. El invierno estaba cerca. Sin dudarlo un segundo, saltó sobre el siguiente tejado y tras una larga carrera, usó el fuego para impulsarse hacia el siguiente edificio. La gran capital rebosaba vida entre sus calles, pero ella había localizado a su objetivo hacía ya un día. Esa era la vida que había elegido formar. Observar, aprender, conocer e informar. Dar al mundo la oportunidad de saber, de conocer la verdad. No una verdad tergiversada, controlada e incluso en algunos casos perseguida. Ella había iniciado el camino hacia la más peligrosa de las armas y al mismo tiempo el poder más útil para la humanidad, la información.
Después de intensos meses de investigación, a través de su último contacto al fin lo había encontrado de nuevo. El objetivo se movía tranquilo entre las calles. Paraba en librerías, miraba y probaba alimentos en algún que otro puesto y se encontraba de vez en cuando con algún antiguo aliado de la rebelión. Sentada sobre la cornisa observó como él hombre salía del bullicio a través de una callejuela. Era el momento…
Un círculo de fuego rodeó al hombre quien si quiera sorprenderse lo atrajo con su mano y se lo devolvió en forma de una gran bola. Utilizando su bastón desvió la infernal bola hacia el cielo y mientras escuchaba la explosión, se lanzó contra él rodeando su bastón de unas intensas llamas anaranjadas.
Los verdes ojos del hombre la miraron directamente con decisión y su piel comenzó a tornarse en escamas. Con una brutal garra él agarró su llameante bastón y sin siquiera inmutarse de las llamas lo usó para estamparla contra la pared.
                -Ya estoy aquí… -susurró ella entre jadeos mientras se levantaba y le miraba a los ojos.
                -Después de cuatro meses sin saber de ti… -respondió él mirándola con frialdad.
                -Dicen que habéis recuperado todo el terreno perdido.
                -Los dragones somos fuertes, tendremos paz durante unos meses pero tarde o temprano deberemos salir de nuevo.
                -Cuentan también que nacerá un nuevo dragón celestial y que tú eres el más experimentado de todos, el único invicto.
                -Yo no seré… -interrumpió él.
                -Lo siento… -respondió ella tras unos segundos en silencio- por todo… tenía que haber enviado algún mensaje, tendría que ha…
                -Te has vuelto muy hábil… –le interrumpió él mirándola a los ojos- has comenzado ¿verdad?
                -Sí –respondió ella dándole la espalda mientras escondía su tristeza.
El inesperado contacto de su cuerpo rodeándola, le hizo sobresaltarse. El sonido de su respiración y el calor de su cuerpo le reconfortó.
                -Entonces necesitarás esto idiota… -le susurró al oído mientras sentía como su cuerpo comenzaba a arder.
El intenso calor hizo que su cuerpo callera de rodillas, su poder… no podía controlarlo, le ardía, le quemaba. Sentía que su cuerpo se había convertido en una bomba de relojería a punto de estallar. Sin poder controlarse emitió un chillido de dolor.
                -¡¿¡Quieres el poder y la voluntad para cambiar las cosas!?! –exclamó el dragón agachándose a su lado- ¡¡Pues despiértalo!! Tienes el fuego pero no controlas la llama, tienes la luz pero no sabes ser oscuridad, tienes fuerza pero no equilibrio. Informa al mundo quien eres y de dónde vienes…
Sin poder aguantarlo más, emitió un segundo chillido y mirando al cielo, usó su puño para soltar todo ese poder. Una increíble bola de fuego azul oscuro se alzó hacia los cielos y estallando de forma brusca, se dividió en cuatro fénix que disparados, salieron volando hacía Norte, Sur, Este y Oeste dejando atrás una preciosa estela azulada.
Jadeando buscó a su antiguo capitán en aquel oscuro callejón, pero antes de que pudiera pronunciar su nombre, una suave brisa le entregó una pequeña nota:
“Para que nunca olvides que la familia siempre estará a tu lado por muchos caminos que tomes o por muy lejos que estés, te hago entrega del poder que yo mismo herede de mi maestro, y que este recibió del suyo al mismo tiempo. La llama que nunca se puede apagar, que nos recuerda de dónde venimos y que ilumina el camino a aquellos que se pierden en algún momento de sus vidas. Te entrego la esencia de mi esfuerzo y mi cariño para que tu causa muestre la verdad incluso en los tiempos más oscuros. Te quiero, nunca lo olvides.”

martes, 17 de octubre de 2017

El caballero del dragón (Parte 3)





El silencio de la habitación fue interrumpido por el lento recorrido de la pluma sobre el papiro. No quedaba nadie en aquel blanco castillo salvo él y sus dos compañeros… pero de eso ya hacía muchos años. Él escribía bajo su capucha blanca, con la sonrisa de alguien que había recuperado la paz.
Una vez hubo terminado su carta, lentamente limpió la pluma y la dejó delicadamente en su estuche. Sonriendo tras un suspiro, comenzó a releer la carta dirigida a su más preciada compañera.
                -¡Vamos! –Exclamó la voz del dragón superando al sonido del galope de los caballos- No mostréis temor, ni duda, dirigirles con decisión, confianza y coraje.
Una vez la mayoría hubo marchado al galope junto a sus compañeros, volvió a centrar la atención sobre la joven muchacha que incapaz de subir a lomos del corcel, le miraba con una mezcla de nerviosismo y desesperación.
                -Venga… tú puedes hacerlo.
                -Es demasiado alto y fuerte para mí –dijo ella frustrada-. ¿No podría coger uno de los potros?
                -Sabes que los potros son solo para los más jóvenes. Vamos, tú puedes. Solo tienes que tener confianza en ti misma y superar tu miedo. Yo estaré a tu lado guiándote.
Ella suspiró con miedo, pero obedeció y comenzó a subir a lomos del corcel. La verdad es que tenía parte de razón. Su cuerpo era aún frágil y con poca fuerza, pero al mismo tiempo era demasiado mayor como para continuar con los potros. Todos sus compañeros habían conseguido dominar a sus caballos excepto ella.
                -Comienza dándole un pequeño golpecito con los pies –dijo el dragón una vez se hubo subido.
                -No… -repuso ella con lágrimas en los ojos. Estaba aterrada.
                -Es solo un caballo –repuso mientras le acariciaba las crines para tranquilizarlo-. Observa, él siente tu nerviosismo, tu miedo… solo tú puedes dirigirle y tienes que hacerlo con seguridad y decisión. Habrá momentos en tu vida que tendrás que arriesgarte y avanzar. Por mucho miedo que tengas a tus enemigos, ellos no te van a dar la oportunidad de dudar. Deberás hacerles frente, pues habrá momentos en los que solo tú, deberás salir a pelear sola independientemente de cómo estés de asustada. Vamos… da solo un suave golpecito.
Ella aún con las lágrimas en los ojos obedeció y tras un resoplido él caballo comenzó a caminar con lentitud.
                -Eso es… -susurró el maestro con una sonrisa- ahora cuando llegues al muro, utiliza tú mano derecha con fuerza para tirar de la correa y girar su cuerpo hacia ese lado.
                -¿Y si le hago daño? –preguntó ella con nerviosismo mientras el caballo comenzaba a aumentar la marcha.
                -No le harás daño te lo prometo, ahora tira de las cuerdas hacia ti para frenarle y haz lo que te he dicho.
                -¡No! –exclamó soñozando, me tirará.
                -Si no lo haces sí que te va a tirar, vamos, solo hazlo.
Lentamente tiró del corcel hacía atrás pero no con la suficiente fuerza. Y emitiendo un relincho el corcel comenzó a galopar hacia el muro.
                -¡HAZ LO QUE TEDIGO, GIRA HACÍA LA DERECHA CON TU MANO Y TU CUERPO! –Exclamó el maestro nervioso y enfurecido.
                -¡NO PUEDO, QUIERO BAJAR! –Exclamó ella rompiendo a llorar. Mientras el caballo se volvía ya incontrolable.
Antes de que pudiera decir nada más, el corcel se elevó sobre sus cuartos traseros y el cuerpo de la joven muchacha salió disparado hacia atrás. Sin dudarlo ni un segundo, llamó al rayo y golpeando con él en el suelo impulsó su cuerpo.  Estiró su mano derecha y con un fuerte golpe de viento lanzó al caballo unos cuantos metros más allá, mientras que con su izquierda usó el mismo golpe para girar su cuerpo ciento ochenta grados a ras del suelo. Cuando el oso la rodeó con sus brazos y su cuerpo, rebotaron un par de veces en el suelo antes de estrellarse contra la dura pared de piedra.
Tras unos segundos inmóviles, su cuerpo comenzó a tornar de nuevo a humano. Ella que antes se había aferrado al basto pelaje del oso, seguía ahora aferrada a su verde armadura mientras continuaba llorando y chillando cuanto le odiaba. Tras unos minutos sus ojos le miraron con un odio que jamás en su vida olvidaría y salió corriendo hacia el interior del gran castillo.
Tras informar a su superior, el día continuó con normalidad. El grupo volvió a salir después de comer pero esta vez él debía adiestrar a los más jóvenes en arquería. Una vez llegada la noche, se dirigió hacia los establos y lentamente se acercó al caballo de la muchacha.
                -Hola compañero… -le susurró acariciándole el cuello- siento haberte golpeado antes, pero era por su bien.
                -Maestro… -le susurró la voz de la joven a sus espaldas.
El joven dragón se giró con su habitual sonrisa, pero antes de que dijera nada ella le abrazó y tras unos minutos en silencio cogió su caballo y lo sacó de los establos.
                  -La verdad, no puedo entender como lo haces -dijo la voz de su superior desde la puerta viéndole alejarse-. Esta tarde, esta muchacha ha salvado a uno de sus compañeros. Cuando estaban regresando al pueblo uno de los dragones se dio cuenta de que faltaba uno de los aprendices más jóvenes. Al no encontrarlo y comenzar a oscurecer, di la orden de volver con todo el grupo y volver a salir para buscarlo solos, pero ella aprovechó un descuido y robando uno de los caballos de sus superiores salió al galope de nuevo hacia el bosque. Al cabo de unos minutos ambos muchachos volvieron. Según el joven, una manada de lobos lo habían acorralado y tu aterrorizada aprendiz apareció justo a tiempo para agarrarle y subirle junto a ella y escapar –poniendo la mano sobre su hombro, su superior continuó-. Buen trabajo maestro…
Dos finas lágrimas escaparon de sus ojos e intentando tapar su rostro fue tras ella para reprimirle, sancionarla... y luego abrazarla.


lunes, 31 de julio de 2017

El caballero del dragón (Parte 2)


La veloz patada pasó rozando su ceja, necesitó de la fuerza del oso para bloquear el siguiente puñetazo, gracias al reflejo de los ojos de su atacante pudo esquivar el siguiente ataque por la espalda haciendo que el tercer salteador chocara contra el segundo.
                -Regla número 146 cachorros… -dijo mientras esquivaba una auténtica bola de fuego de uno de sus pupilos de forma que golpeara a otro pequeño grupo de compañeros- Mira siempre a los ojos. Son la ventana para que tus aliados puedan sentir tu confianza y la forma en la que tus enemigos pueden percibir tu determinación. A través de ellos podemos prever la mayor parte de los ataques críticos.
Desde los árboles cercanos un tercer equipo de seis saltaron en picado hacía él complementando el ataque frontal de sus aliados.
                -¡¡Regla 249!! –Chilló él golpeando el suelo con un puñetazo eléctrico- No siempre la altura te dará la victoria, -un rayo calló sobre él dispersando el ataque aéreo y paralizando el frontal con la onda expansiva- mantén los pies en la tierra, pues desde ella podrás saber realmente cuán lejos está tu objetivo.  –E internándose en el bosque continuó- Regla número 63, se cauto y sigiloso, aprende a desaparecer y observa desde la distancia, te dará otra perspectiva del mundo que no todas las personas pueden percibir.
Sus pasos eran seguros y decididos. Cada roca, cada rama de los árboles, cada cueva… conocía el bosque del palacio como la palma de su mano y desde la rama de un árbol pudo reconocer las encapuchadas sombras blancas de sus aprendices buscándolo.
                -Regla 119… -susurró- conoce el terreno, fúndete con él, aprende todos los atajos y peligros, todos los escondites o refugios, controla cada uno de los posibles recorridos. Sé cómo un fantasma en la nieve, actúa siempre en las sombras para servir a la luz.
Y siguiendo a sus encapuchados cachorros hasta la gran cascada les vio desaparecer. Sonrió y sin dudarlo usando el alma del halcón se arrojó al vacío con un salto en picado. La frescura del agua le hizo estremecerse debido al sudor del entrenamiento, pero cuando su cuerpo hubo salido del río, calló hacía atrás quedándose sentado en la orilla mientras la hoja de una espada le tocaba el cuello.
                -Regla número 16… –dijo uno de sus aprendices mientras él y sus compañeros (quienes le habían rodeado en un círculo) enfundaban sus espadas- desarrolla y confía en tus propias capacidades, pero cuida sobre todo las de tus amigos y aliados, pues ellos son y serán tu escudo y tu espada, tu grito en la batalla. Recuerda siempre que por muy fuerte sea el enemigo o muy difícil sea el obstáculo, la unión hace la fuerza…
Atónito, aceptó la mano de su aprendiz y se levantó, sin poder reprimir  una sonora carcajada que confundiría a sus pupilos.
                -¡¡BUEN TRABAJO CACHORROS!!
Antes de que pudiera darles un abrazo, el sonido de un halcón les llamó.
                -Como siempre, –dijo el dragón mirando al cielo- el tiempo nos marca el final. Es la hora… debéis volver al palacio.
Sus queridos alumnos le miraron sonriendo. Había sido unas semanas duras para ellos, aun eran bastante jóvenes y en sus rostros se leía las ganas de volver junto a sus familias.
                -Recordar todo lo que habéis aprendido. Tenéis mucho talento pero no olvidéis que incluso el más joven de los niños puede daros una lección. Hacer que me sienta aún más orgulloso.
                -¡¡Gracias maestro!! –exclamaron todos iniciando el retorno.
Él se quedó allí, sonriendo y respondiendo con su mano los alegres “Hasta pronto” de los últimos del grupo. Cuando el sonido del río volvió a hacerse dueño del bosque, dos finas lágrimas recorrieron su rostro.
                -Regla número 400, -susurró el joven dragón- despídete siempre apropiadamente de tus seres queridos, pues a veces un “Hasta luego” puede ser un “Adiós”. Yo ya no tengo nada más que enseñaros, sé que brillaréis y haréis temblar al mundo. Adiós pequeños, estoy orgulloso de vosotros…
                -Pero… ¿por qué no se lo dijiste? –preguntó su amiga mirándolo con tristeza.

                -Porque por mucho que tú y yo podamos enseñar. Hay lecciones que solo la vida puede darnos… 

miércoles, 19 de julio de 2017

El caballero del Dragón (Parte 1)


                -¿Entonces permaneciste en el castillo?
                -Durante unas pocas semanas más –contestó él asintiendo y mirando al horizonte en silencio.
La extensa pradera del castillo se extendía a su alrededor, él meditaba sentado, con los ojos cerrados, en silencio… notaba cada árbol, cada roca, cada brisa del viento. Percibía el peso de su armadura, el canto de los pájaros, el sonido de las cercanas olas del mar, el movimiento del castillo, todo parecía normal. Todo… hasta que los pájaros dejaron de cantar y un sepulcral silencio se adueñó de todo el palacio.
Abrió los ojos y esquivó el ataque de la sombra. Antes de que pudiera ni siquiera percatarse del negro atuendo de su enemigo, bloqueó el puñetazo de un nuevo atacante. La joven al ver fallido su golpe, usó su propio cuerpo y se impulsó junto a su compañero. Ambos comenzaron un segundo ataque, pero sin siquiera darse cuenta otras veinte sombras se unieron a la pelea. Eran demasiados incluso para él, quien solo podía esquivar los ataques y repeler a algunos atacantes, pero había algo en su estilo de lucha que no entendía. Algo familiar y extraño al mismo tiempo, agresivo y a la vez elegante, silencioso pero eficaz, coordinado pero individual. Llamó al viento y se dispuso a golpear el suelo para repelerles a todos con la onda expansiva, pero uno de ellos previó el ataque y con una patada desvió su mano desviando el ataque hacia el cielo. Intentó golpear con el fuego fatuo pero antes de que siquiera fijara un blanco un pequeño grupo le arrojó al lago. Gritó el nombre del trueno pero ellos fueron capaces de adelantarse y esquivar cada uno de los impactos eléctricos. Harto, llamó a la bestia y con la fuerza del oso intentó golpear, pero el más robusto consiguió bloquear su zarpa, con el lobo intentó morder pero los más pequeños y ágiles le sujetaron su hocico, intentó volar con el halcón pero con una impresionante patada lo lanzaron en picado contra el suelo. De dos en dos le sujetaron de pies y manos dejándolo indefenso boca arriba. Lo único que protegía su magullado cuerpo de la lucha, era su armadura del dragón. Se habían adelantado a cada uno de sus movimientos, ¿Cómo era posible? No… no podía permitirlo, daba igual cuantos o cuan fuertes fueran, nadie podría pararle. El dragón comenzó a rugir en su interior, y aún sujeto al suelo su piel comenzó a escamarse…
                -¡¡Vamos ríndete!! –Gritó uno de ellos. El joven dragón emitió un gruñido de sorpresa, esa voz le era muy familiar.- ¡¡Al fin lo hemos logrado, hemos sorprendido al maestro!!
El rugido del dragón se adueñó del lugar, todos y cada uno salieron disparados unos metros más allá de él. Habían dicho “maestro” estaba seguro, pensaba una y otra vez mientras corría hacia uno de ellos y retiraba la negra capucha dejando al descubierto su rostro.
Calló hacia atrás y sin poder reprimirse comenzó a llorar a pleno pulmón. Ahí estaban ellos, aquellos que hacía tanto tiempo tuvo que dejar atrás en aquel lejano bosque de su tierra. Dónde la maestra de maestros le había enseñado casi todo cuanto sabía, dónde por primera vez unos pequeños niños le llamaron maestro. Dejó aquel lugar con el corazón partido debido a no poder llevarse a sus jóvenes pupilos como había hecho anteriormente con su tripulación, eran demasiado jóvenes y él debía liderar toda una revolución junto a su flota. Y ahora allí estaban ellos mostrando las habilidades que él mismo les había enseñado pero con una destreza y adiestramiento individual.
Los demás dragones atraídos por su rugido, reían mientras él lloraba y les abrazaba sin parar. Ellos, sus niños se habían convertido en unos jóvenes maravillosos y ahora estaban allí en las filas delanteras.
                -¿Qué hacéis aquí? –preguntó él entre soñozos e intentando limpiar las lágrimas.
Una de ellos se acercó y tras abrazarlo de nuevo le dio un pequeño papel. Tenía el sello de su maestra, de su mentora… abriéndolo sin dudar lo leyó:
 “A ti mi mejor aprendiz, el capitán que venció en las dos grandes guerras, el exlíder rebelde, el caballero del dragón, el maestro sobre quien he depositado todos mis conocimientos y experiencia, te devuelvo lo que te corresponde por derecho, el mando de tus propios aprendices. Entrénalos para que como tú sean personas libres de elegir su propio camino, personas perseverantes y de corazón noble, que sueñen y luchen por un mundo sin corrupción ni maldad y por valores como la integridad, lealtad, libertad y el amor por la vida.
Hazme sentir orgullosa y nunca olvides que yo apuesto siempre por ti…
                -Así que… -dijo el dragón levando la mirada hacia sus pequeños ya no tan pequeños- volvéis a estar bajo mi mando –y sonriendo se levantó y colocándose en posición de batalla comenzó  su última lección para con ellos-. Regla número uno jamás dejes nada a la mitad. A ver de que estáis hechos cachorros…
                


CONTINUARA...

martes, 18 de julio de 2017

El caballero del dragón (Parte 0)

La fresca brisa del viento acarició las copas de los árboles, los ancianos paseaban tranquilos, los jóvenes tirados bajo la sombra de las arboledas reían y hablaban en pequeños grupos, los niños jugaban y corrían de un lado para otro con una sonrisa en los labios quedándose hipnotizados cada vez que un perro desfilaba alegremente junto a su fiel dueño. Ese pequeño valle se había convertido en un auténtico remanso de paz, un lugar dónde la política, la corrupción, el dinero, la religión o el lugar de procedencia, no importaban. Su eterno y orgulloso guardián, sentado sobre el tejado del gran puente lo sabía, y desde aquella aventajada posición observaba cada esquina, cada movimiento, cada situación.
                -Ya no portas la armadura del dragón… -dijo una voz a su espalda haciéndole sonreír.
                -No -contestó el joven mientras su mejor amiga se sentaba a su lado-. Por el momento, las batallas han cesado y me estoy tomando un descanso.
                -¿Qué pasó durante estos dos meses? –Preguntó su compañera mirándole a los ojos y sonriendo.- Las últimas noticias fueron sobre la gran batalla de los dragones, y cuando volví al castillo tú ya no estabas.
Él la miró y sonrió. Llevaba el mismo atuendo que él, una armadura ligera de capucha blanca, peto y hombreras metálicas, las hojas especiales y una gran cantidad de armas.

                -Pues es una larga historia compañera, tras la batalla entre nosotros, el resto de dragones lograron resurgir de sus cenizas y avanzar hacia ese objetivo común. Pero notábamos el cansancio de las batallas continuas y aun había tierras que recuperar del enemigo…



CONTINUARÁ...

viernes, 2 de junio de 2017

La batalla de los 100 dragones


El sordo sonido de las gotas de lluvia golpeaba contra la lisa piedra de las murallas manchadas de sangre. Los restos de fuego luchaban por sobrevivir agitándose contra su eterna enemiga. En el medio de la pradera interior del castillo, ellos, los legendarios dragones, se miraban los unos a los otros en silencio… unos cabizbajos, permanecían alejados de la pelea, otros simplemente pretendían aguantar sus lágrimas bajo sus rostros empapados por la lluvia.
Un rugido aterrador rompió el sepulcral silencio y uno de ellos se lanzó contra su compañero, el cual acabó por tumbarlo de un solo golpe contra el suelo. Antes de que pudiera siquiera darse cuenta una gran bola de hielo golpeó al segundo dragón lanzando su cuerpo de forma violenta contra el muro, mientras el afectado se recuperaba del tremendo golpe, diversas esquirlas de piedra maciza encerraron al tercer congénere como si de una jaula se tratase. El dragón de la tierra no llegó a transformar sus brazos en afiladas espadas pues no pudo ni siquiera sentir a su compañero hasta que este último le clavó sus venenosas fauces en el cuello. Sin embargo, el dragón de metal no dudo ni un segundo en aprovechar el momento para noquear al responsable con la patada más dura de la tierra.
El sordo golpe metálico del cuerpo del dragón golpeando violentamente contra el suelo, seguido de un segundo rugido aún más fuerte que el anterior volvió a traer el silencio. Un nuevo dragón se había metido en la dura batalla, su cuerpo desprendía una intensa energía verde, puede que a nivel  físico no fuera el más fuerte de ellos pero en su mirada se podía vislumbrar su posición respecto al resto, pues él era uno de los pocos dragones invictos, aquel con mayor con número de victorias y batallas a su espalda. Su común calma y actitud relajada había desaparecido dejando entrever la llegada de la verdadera tormenta.
Sus compañeros poniéndose en pie dispuestos a seguir peleando le miraron y el viento se agitó. Uno de ellos gruñó y el recién llegado respondió mirándole mientras levantaba una ardiente garra de azulado fuego fatuo. El resto rugieron al unísono quedando ahogados bajo el estruendo golpe de los truenos contra el suelo.  Todos los dragones se miraron y dejando caer sus cuerpos o sus rodillas sobre la fresca hierba, indicaron el fin de la batalla.
Había decidido intervenir porque un conflicto de semejante calibre no supondría nada más que dolor y sufrimiento. Él, que ahora desaparecía tan rápido como había llegado tras un sordo golpe de viento, había decidido entrar en la batalla para recordar cual era el objetivo común, las razones por las que todos habían luchado y aún luchaban bajo una sola bandera sin importar el lugar de procedencia o el pasado. Había intercedido para recordarles su calidad de dragones, su compromiso… su deber como guardianes de sus elementos, PROTEGER LA INTEGRIDAD DEL MUNDO Y SALVAGUARDAR LOS VALORES DE LIBERTAD, RESPETO Y AMOR COMO SI DEL MAYOR TESORO SE TRATARA HASTA EL FIN DE SUS DÍAS.

sábado, 22 de abril de 2017

El miedo del dragón




El intenso sonido de los grillos seguido de una de las últimas ráfagas de viento invernales le devolvió de entre sus pensamientos. Aun a pesar de su pesada armadura teñida de sangre, sus heridas abiertas y sus golpeados músculos, su mirada no se había apagado y su cuerpo no se había movido ni un centímetro durante horas. 

                -¿Ha sido duro esta vez verdad? -la voz de la líder rebelde le hizo girarse lentamente.
                -Si… -al ver la tristeza en sus verdes ojos la comandante se estremeció- he de reconocer que han sido duros de pelar, pero ingenuos al creer que podrían llegar a superar la destreza de un dragón. Se han llevado una valiosa lección de vuelta a su hogar, espero que lleguen a ser tan buenas personas como el resto, tengo gran esperanza en ellos.
                -¿Entonces que haces aquí joven dragón, no deberías estar celebrando tu pequeño ascenso…?
                -Pensar… 
                -¿En tu fiel compañera? No te preocupes tiene mucha más destreza que muchos drag…
                -No –le interrumpió él-. Si de hay algo de lo que estoy seguro es de que habéis podido comprobar por vosotros mismos todo lo que ella vale. No me preocupo por ella, pues tiene mucha más fuerza y pasión de lo que todos nosotros tendremos en años. Es otra cosa… cómo si hubiera llegado a un punto de no retorno. Sé exactamente lo que quiero y cómo lo quiero pero… una vez más la vida me pone obstáculos para conseguirlo, tengo… miedo.
                -¿Miedo?
                -Si… miedo a volver a perder ese calor dentro del pecho que tanto me ha costado recuperar, miedo a volver a forzar mis límites tanto que sea por última vez. Me entristece que nunca nada haya sido fácil, que ni si quiera por un instante algo hubiera salido según lo planeado… me angustia haber vuelto a hacerme ilusiones. Mi fuerza esta al máximo, mi futuro es prometedor pero ¿por qué me siento un estúpido solo por esto? ¿Por qué siento que mi forma de ver la vida y actuar no concuerda con el tiempo en el que vivo y a la vez sí? ¿Por qué me da la sensación de que soy yo el que siempre está apostando y perdiendo? Quiero que el juego se acabe, quiero levantarme de la mesa pero quiero hacerlo llevándome lo que me corresponde justamente, ni una cosa más ni menos…
                -Ve… -le interrumpió la joven comandante apoyando la mano en su hombro- ve a tu hogar, descansa y vuelve en un par de días a esta, la que siempre será tu casa. 
Y mientras ambos dragones alzaban el vuelo hacia su merecido descanso, una sombra, una joven ente de los bosques, alguien a quien el joven dragón había vencido sacrificando su propio corazón, observaba bajo los árboles cómo sus figuras desaparecían bajo la luz de la luna.